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No mentir no implica decir la verdad

Diferentes responsables y exjefes del PP en Gipuzkoa, Bizkaia y Araba han salido en tromba a defender la honorabilidad del partido después de que Luis Bárcenas presentase ante la Audiencia Nacional española una carpeta con documentos que probarían la financiación ilegal de la sede en Bilbo. Se ponen gallardos incluso después de que los indicios en contra se les acumulen. Ajenos al aluvión de papeles, Iñaki Oyarzábal, Arantza Quiroga, Borja Semper, Carlos Iturgaiz y Javier De Andrés, todo un despliegue de medios, son algunos de los que se aferran, desde hace una semana, al argumentario básico de la derecha española. Ese que mezcla el manido recurso a la «manzana podrida», como si el extesorero fuese un satélite capaz de hacer y deshacer a su antojo, con la presentación selectiva de documentos que blindarían la legalidad de sus finanzas. Todo ello unido a referencias a los atentados sufridos a manos de ETA. No pretendo ahondar en esta última cuestión, sino en la retahíla de razones supuestamente de peso aportadas por los dirigentes unionistas. Todas ellas, con autodesmentidos incluidos, se basan en una certeza: no mentir no implica decir la verdad.

Básicamente, estamos ante la misma estrategia a la que se ha aferrado Génova desde que estalló el escándalo de los papeles: sostenella, no enmendalla, donde dije digo digo Diego y circulen, que con tantas dudas me están ofendiendo.

Comenzó el secretario general, Iñaki Oyarzábal, cuando reconoció que el partido recibió fondos de Génova desde 1989. Según esta primera versión, estos fueron destinados a «gastos de funcionamiento y campaña». Para defender sus tesis presentó el contrato de la hipoteca. Apenas 24 horas después la presidenta, Arantza Quiroga, daba un giro de 180 grados y admitía que los fondos destinados al crédito llegaban de Génova y no de Bárcenas. El resto de sus compañeros de filas, a viva voz o por escrito, siguieron acuartelados en el «todo es mentira (salvo alguna cosa)». Y lo hicieron como nos tienen acostumbrados, con ese rictus severo de como si fuesen a revelarnos los tres misterios de Fátima, concatenando argumentos que incluso contradecían el razonamiento esgrimido el día anterior, confiando en que el titular del día borre la afirmación pronunciada 24 horas antes.

¿Mienten los responsables del PP de la CAV? Técnicamente no. Es decir, si uno toma «stricto sensu» cada una de sus afirmaciones, no se puede afirmar que hayan contado una trola abierta. Pero eso no implica que digan toda la verdad. Por mucho que ahora Oyarzábal saque pecho, mostrar los papeles de una hipoteca solo demuestra eso, que contrataron una hipoteca. Un crédito cuyos pagos, por cierto, aparecen también en la carpeta entregada por Bárcenas al juez. Claro, que eso no constituye una falacia por sí sola. Tampoco miente el presidente del PP de la CAV, ni Quiroga o Iturgaiz, cuando dicen que el dinero llegaba de Génova. Básicamente, eso mismo es lo que ha afirmado el extesorero en sede judicial. Otra cosa será determinar si, como afirma Bárcenas, estas tranferencias formaban parte de un circuito de ida y vuelta en cuyo origen estaban las comisiones ilegales. Además, como se da por hecho que el parné fluía desde Madrid, los jerifaltes unionistas aprovechan para desvincularse de Bárcenas. De este modo, obvian deliberadamente es que, como extesorero, él era el encargado de las finanzas y, por lo tanto, quien distribuía el dinero. No es que fuesen sus fondos. Es que en cualquier circunstancia, legal o ilegal, Bárcenas sería el responsable de transferir los fondos.

Lo más dramático de esta ceremonia de la confusión no es, ni siquiera, que nos traten como a analfabetos funcionales. Lo peor de todo es comprobar cómo siempre habrá un Tribunal Supremo dispuesto a certificar un «pelillos a la mar» que nos devuelva a la casilla de salida.

 

 

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