Xandra  Romero
Nutricionista

El esfuerzo de comer con restricciones

En ocasiones uno no es consciente del nivel de esfuerzo ante ciertas restricciones alimentarias que algunas personas tienen que hacer, bien a causa de una patología como diabetes mellitus o hipertensión arterial, bien a causa de alguna intolerancia y alergia alimentaria, o bien por una situación fisiológica concreta (embarazo). Desde fuera siempre nos da la impresión de que, hoy en día, ante el amplio abanico de opciones en el sinfín de ofertas gastronómicas a las que tenemos acceso, es prácticamente imposible no encontrar una opción adecuada que encaje en alguno de estos casos. Sin embargo, esto no es tan real.

Los diabéticos tienen que decir ‘no’ a los dulces, los ultraprocesados, los refrescos, los zumos y el alcohol; los hipertensos a todo lo anterior, a las conservas y el mayor ‘no’, la sal; los intolerantes y alérgicos, al alimento que les cause alergia y a todo aquello que esté elaborado o que haya tocado esa sustancia; y para las embarazadas, según nos han contado siempre, son solo ‘cuatro restricciones de nada’, pero sabemos que no es así.

En este último caso de las mujeres embarazadas, lo que se dice es que pueden seguir con el ritmo de vida habitual. No obstante, es fácil que la cotidianidad se vea afectada por la gestación y necesite adaptar sus costumbres a la nueva situación. ¡Y vaya si hay que adaptarlas! Veamos cuáles son los ‘no’ en el embarazo y cómo afectan a las mujeres: Pescados grandes por riesgo de contener mercurio, como son el salmón o el atún (tampoco en lata); pescado crudo y mariscos (incluye salmón ahumado); quesos a base de leche sin pasteurizar (obliga a preguntar en cualquier bar si quieres comer un sándwich, bocadillo, pintxo…etc), quesos blandos, como el camembert, brie y el queso de pasta azul (puede contener listeria); zumos sin pasteurizar; huevos no muy hechos (hay que suponer que en un bar usan huevina pero ¿puede una embarazada arriesgarse?); carnes y aves crudas o poco cocinadas (incluye el embutido, cualquiera); productos preparados cárnicos; así como dulces, carbohidratos y comida rápida. Además se debería limitar el consumo de cafeína a< 200-300 mg al día.

Ante estas no pocas restricciones, algunos estudios han encontrado que los episodios de pérdida de control sobre la alimentación durante el embarazo afectan hasta al 36% de las mujeres durante este período. Parece que el enfoque excesivo en la restricción de alimentos, así como la falta de control sobre la alimentación, se han asociado con estos aspectos negativos.

Ya que el primer y segundo trimestre del embarazo y el período posparto se caracterizan por el análisis exhaustivo de la calidad de los alimentos, en consecuencia, esto parece dar forma a un grado obsesivo de monitorear el comportamiento en el contexto de la dieta de las mujeres.

En el caso de la diabetes, existe incluso un término que hace referencia a parte de todo esto que estamos haciendo referencia: la angustia por la diabetes, que es el impacto emocional negativo de vivir con diabetes. Tiene una importancia clínica tangible, ya que se asocia con un autocuidado y un control de la glucemia subóptimos. Parte de las herramientas que miden esta angustia evalúan, por ejemplo, la angustia asociada con el régimen de tratamiento, los alimentos/la alimentación, el futuro/complicaciones, la hipoglucemia, las relaciones sociales/interpersonales etc.

Por último, el estrés que puede provocar cambios biológicos y psicológicos en pacientes hipertensos, puede interferir con los niveles de presión arterial, influir en la elección de alimentos y el descuido de la dieta.

Para acabar, si alguien piensa que es exagerado, puede poner en práctica el siguiente ejemplo. Imaginemos un plan típico de Euskal Herria: quedar para tomar potes y pintxos. ¿Qué podrá tomar un diabético? ¿Y el hipertenso?... una cerveza sin alcohol, la embarazada también. A ninguno le convienen los zumos, ni el mosto, ni el alcohol. Y, ¿qué podrán comer? La embarazada ningún bocadillo/ pintxo/sandwich de atún, salmón ahumado, jamón, lomo etc. Ninguno que lleve mayonesa, si no estamos seguros de que es comercial… Tortilla de patata no, si no está bien cuajada o si dudamos que sea huevo o huevina. Napolitana, no debería. Una gilda, tampoco porque contiene pescado en salmuera. El diabético y el hipertenso tampoco deberían elegir bollería, ni nada con mayonesa; el salmón ahumado lleva sal y azúcar, tampoco; bocadillo o sándwich de embutido no se recomienda por el exceso de sal y por ser preparado cárnico…