Relectura del saber local
Levantar edificios sostenibles, en los que se tiene en cuenta la eficiencia energética y se respeta el entorno natural, es posible. Lo demuestran proyectos de protección pública como el de Ses Veles, localizado en Puigpunyent, Mallorca, e impulsado por el IBAVI (Instituto Balear de la Vivienda).

En un contexto marcado por la emergencia medioambiental y la crisis de acceso a la vivienda, la arquitectura necesita reconstruir una relación cultural con el territorio, desde una mirada que articule eficacia técnica y sostenibilidad. El proyecto de unidades residenciales de protección pública Ses Veles, en Puigpunyent, promovido por el IBAVI en Mallorca, propone una respuesta que desplaza la atención de la forma al sistema. No se concibe el edificio como un objeto aislado, sino como un diálogo preciso entre materia, clima y uso. Cada decisión del equipo formado por Joan J. Fortuny y Alventosa Morell Arquitectes se convierte en una herramienta de relectura de lo local.
La propuesta parte de una idea fundamental, entender el complejo residencial como un dispositivo climático pasivo, capaz de regular temperatura, humedad y energía sin recurrir a mecanismos activos. Esta ambición técnica se traduce en una apariencia sobria, casi vernácula, pero profundamente contemporánea en su lógica constructiva. El volumen compacto, de dos plantas y cubierta a dos aguas, se integra en la escala doméstica de la localidad, evitando la fragmentación formal y apostando por la continuidad estructural y térmica.

La agrupación alberga seis viviendas organizadas en tres crujías, una decisión que no solo ordena los elementos estructurales, sino que define la espacialidad. Las distribuciones resultantes son abiertas, permeables y adaptables, con espacios que se encadenan sin jerarquías rígidas. La cocina, situada en posición central, actúa como núcleo social, articulando la vida cotidiana y favoreciendo las circulaciones. Los alojamientos de planta baja se prolongan hacia patios privados, mientras que los superiores se abren a terrazas, configurando secuencias de estancias intermedias que median entre el interior y el exterior y amplían las posibilidades de uso a lo largo del año.
La materialidad no responde a una voluntad estética, sino a una lógica termodinámica y territorial. Los muros de fachada, ejecutados con piedra y tierra procedentes de la propia excavación y ligados con cal, aportan elevada inercia térmica que estabiliza las temperaturas interiores. Las particiones, realizadas con cerámica local rellena de arena y acabadas con arcilla y paja, funcionan como elementos transpirables y reguladores de la humedad. La madera estructura forjados y carpinterías, introduciendo un soporte físico que equilibra el conjunto y permite pensar el edificio como un ensamblaje reversible más que como una estructura cerrada, fomentando criterios de circularidad.

La intervención alcanza estándares de consumo energético casi nulos gracias a la combinación de estrategias pasivas como orientación optimizada, ventilación cruzada, control solar, masa térmica y uso de materiales higroscópicos. La cubierta tipo Trombe actúa como mecanismo climático, captando calor en invierno y disipándolo en verano, mientras que los patios funcionan como pulmones que activan la ventilación natural. Todo ello reduce drásticamente tanto la demanda energética como las emisiones asociadas al ciclo de vida del edificio, incorporando criterios de reutilización futura y cerrando el ciclo material sin depender de tecnología añadida.
Ses Veles no propone una nostalgia constructiva en su apariencia, sino una actualización crítica de los saberes vernáculos a través de herramientas contemporáneas. En un contexto donde la sostenibilidad tiende a traducirse en capas tecnológicas adicionales, el proyecto demuestra que es posible lograrla afinando la relación entre clima, materia y forma de habitar, construyendo desde el territorio, sin sumar capas ni sistemas, sino potenciando lo que la arquitectura del lugar ya es.




