28/06/2020

Desde lo pequeño
IKER FIDALGO ALDAY
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Desde esta página siempre apelamos a una cultura relacionada con formas de ver que huyan de una imposición hegemónica. Uno de los valores del arte contemporáneo es su capacidad de potenciar diferentes subjetividades. Los procesos creativos y artísticos parten en muchas ocasiones de lugares íntimos o bien proponen sensibilidades que se alejan de cualquier discurso dominante. Es por eso que los movimientos culturales suelen ser peligrosos para cualquier intento de dominación y objetivo principal de todo engranaje de poder y sus campañas de represión más o menos sutiles. La creación de relatos que actúan como espacios comunes permiten que el público (en cualquiera de sus formas) se sienta identificado y sea capaz de hacer suyo el diálogo que nos propone una pieza o un proyecto. Sentir esta interpelación es lo que acaba provocando una reacción que alcanza desde nuestro lado más emocional a la conclusión razonada.

Es por eso que es responsabilidad de todos los eslabones del circuito cultural, abogar por un cuidado de lo minoritario. Cada forma creativa que represente un universo propio, pues es en esa diversidad donde se refleja el verdadero valor de la sociedad y la cultura, debe tener una oportunidad para desarrollarse. Y para que esto suceda, desde las instituciones públicas a la visión crítica de cualquier tipo de público consumidor de arte debemos tenerlo presente en nuestra relación cotidiana con la cultura.

Poco a poco, museos, centros y galerías retoman los ritmos de sus programas y comienzan a ofrecer contenido disponible. En este caso, el Centro Huarte inauguró el pasado día 26 una nueva edición del programa expositivo que bajo el título “Habitación” promueve la muestra de proyectos enfatizando en fases de carácter procesual y abogando por una cercanía a la multiplicidad de formatos y disciplinas. Para esta ocasión, “Habitación: Entre ocho y nueve” acoge aquellas propuestas que fueron beneficiarias de las ayudas de producción a las artes plásticas y visuales en el pasado 2019, dentro del programa que capitanea el propio centro junto al Gobierno de Nafarroa. Patxi Araujo, Katixa Goldarazena, Itsaso Iribarren, Jaione Mitxelena & Naia Mira, Elvira Palazuelos, Maite Redondo, Raúl Ursua y Alfredo Zubiaur forman el elenco participante y sus trabajos podrán visitarse hasta el 30 de agosto en horario de fin de semana. Entran en juego la escultura, la instalación o incluso el fanzine, para llevar a cabo procesos de producción o investigación en torno a campos tan dispares como el paisaje, el cuerpo o la práctica cinematográfica y su exploración desde la perspectiva feminista. Sin lugar a dudas, el momento preciso para medir la temperatura a representantes de diferentes generaciones del contexto artístico navarro.

El Museo Vasco-Euskal Museoa de Bilbo inauguró el pasado febrero “Gorreri Bisuala”, a cargo de Zaloa Ipiña (Bilbo, 1986). La exposición parte de una profunda investigación en torno a las lenguas minorizadas y que la artista propone cuestionando desde el inicio el compromiso del arte contemporáneo con el propio tema. De esta falta de implicación nacen una colección de piezas en las que aparecen menciones al euskara pero también al patois o al occitano-aranés, entre otros. En la puesta en escena, Ipiña apuesta por una serie de elementos donde convergen el lenguaje de la instalación, la fotografía o el vídeo. Obras que hacen mención, por ejemplo, a pasajes oscuros de nuestra historia reciente como la dedicada al “anillo escolar”. Un castigo que se imponía a aquellos niños y niñas que hablaran euskara en el colegio y cuya única manera de evitar era delatando a otro que lo hubiera hecho y que ya aparecía a mediados de los 70 mencionado en un artículo firmado por Justo Garate. Podremos disfrutar de esta iniciativa en el museo de la Parte Vieja bilbaina hasta el próximo 31 de agosto.