Xandra  Romero
Nutricionista
SALUD

Buenas costumbres para combatir la osteoporosis

La osteoporosis es una enfermedad que afecta a los huesos y por la que se produce una disminución de la densidad de masa ósea. En este primer artículo, que tendrá continuidad, se recomienda realizar actividad física, mantener una dieta rica en alimentos frescos y evitar los hábitos nocivos.

(Getty)

La osteoporosis ha sido clasificada como una de las enfermedades silenciosas más graves del siglo XXI. Supone un riesgo para la salud pública por su gravedad, cronicidad y progresión y, aunque afecta principalmente a mujeres posmenopáusicas y adultos mayores, también es muy prevalente en otros colectivos.

Esta enfermedad se caracteriza por una pérdida del tejido óseo normal, pero lo que desconoce el grueso de la población es cómo y por qué ocurre esto. Y es que los huesos “se crean y destruyen” constantemente. Esto es, el hueso es un tejido vivo que se renueva continuamente; por un lado, se forma hueso nuevo y, simultáneamente, se destruye hueso envejecido.

De esta manera, la enfermedad aparece cuando se rompe este equilibrio entre “crear - destruir”, bien porque disminuye la formación de hueso nuevo, o bien porque aumenta la destrucción, o por ambas a la vez.

Ante este panorama, los huesos se vuelven más porosos, están más frágiles y resisten peor a los traumatismos, fracturándose con facilidad. Las localizaciones más frecuentes de fracturas osteoporóticas son la muñeca, la cadera y las vértebras.

Aunque existen distintos tipos de tratamiento, como el farmacológico y el regenerativo, también son esenciales los tratamientos asociados a cambios en los hábitos de vida, como la actividad física, la dieta y el cese de hábitos nocivos como el alto consumo de alcohol o el tabaquismo.

Respecto a la alimentación, en términos generales, debe ser rica en alimentos frescos y poco procesados como las verduras, frutas, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y cereales integrales, y moderada en otros de origen animal. Sin embargo, en lo particular, son clave los minerales como el calcio, el fósforo, el magnesio y el flúor, así como la vitamina D y otros nutrientes implicados en el metabolismo óseo y del colágeno, como la vitamina C, el manganeso o el zinc.

En conclusión, una dieta saludable constituye la base para el tratamiento y la prevención de la osteoporosis y, si la enfermedad ya está avanzada, un tratamiento nutricional específico es clave como coadyuvante de los fármacos, como veremos en el siguiente número.