Iker Fidalgo
Crítico de arte
PANORAMIKA

Lo pequeño

La instalación «Sorgin», de la artista colombiana Delcy Morelos, es una de las piezas que integran la exposición «Artes de la Tierra» y hasta mayo se pueden ver en el Museo Guggenheim de Bilbo.
La instalación «Sorgin», de la artista colombiana Delcy Morelos, es una de las piezas que integran la exposición «Artes de la Tierra» y hasta mayo se pueden ver en el Museo Guggenheim de Bilbo. (Monika del Valle | FOKU)

Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo” es una frase atribuida al escritor Eduardo Galeano. Pensar su mensaje desde la perspectiva de una sociedad constantemente en crisis, parece intentar proponer una pequeña brisa de esperanza. Pero no todo es tan fácil, pues su interpretación también es un llamamiento a la responsabilidad de cada cual por actuar desde su espacio propio para lograr ese cambio. El arte, entre todas las funciones que ha asumido en sus diferentes contextos históricos, ha sido llamado en muchas ocasiones como catalizador para una revolución social, ya desde las vanguardias del pasado S.XX.

Pensar en la cultura como posibilitadora de un nuevo paradigma es quizás una de las grandes derrotas que aún no hemos asumido, pues ella, por sí misma, no es garantía de nada. Otra cosa muy diferente es entender que las obras de arte, la literatura, la música o el teatro puedan ayudar a proponer otras ópticas con las que mirar. Hacer que nuestro eje cambie. Que remueva nuestros pensamientos, pero también nuestros cuerpos, y, sobre todo, que nos convenza de la capacidad que nos daría acercarnos a aquellas cosas pequeñas de las que nos hablaba Galeano.

“Artes de la Tierra” es una exposición comisariada por Manuel Cirauqui que fue inaugurada a principios del pasado diciembre en el Museo Guggenheim de Bilbo. Hasta principios del próximo mes de mayo, podremos visitar una muestra que revisa la evolución de las propuestas artísticas vinculadas a la temática medioambiental desde los años setenta. En concreto, la exposición revisa la relación entre práctica artística, los ecosistemas y el suelo. La materia orgánica sirve como hilo conductor para hablar de una serie de creaciones en la que se dan relaciones simbióticas y necesidades de cuidado. Si bien puede generar cierto grado de desconfianza un contenido así en una institución con proyectos de expansión en una Reserva de la Biosfera y patrocinado por una de las principales empresas energéticas del Estado, las piezas que habitan las salas son capaces de alzarse con voz propia y hacerse oír.

La exposición funciona como una gran instalación que va creciendo a medida que nos adentramos en las salas intercomunicadas. Las piezas con elementos vivos y la presencia de materiales orgánicos constituyen una atmósfera sensitiva poco habitual. “Artes de la Tierra” se adentra en un desarollo discursivo que estructura el diseño del montaje. Nombres como Ana Mendieta, Hans Haacke, Giuseppe Penone o Joseph Beuys constituyen algunos de los platos fuertes del elenco. Mención especial merece la pieza “Sorgin”, de la colombiana Delcy Morelos, en la que una gran superficie inclinada sirve de plataforma para una gran cantidad de tierra y barro. Una ruptura de las convenciones expositivas difuminando los límites de lo escultórico para llevar al museo una obra de gran potencia poética y visual.