La respuesta internacional propició el brote de ébola que cumple ya un año

El 23 de marzo de 2014, el Gobierno de Guinea Conakry alertó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de la existencia de un alarmante número de casos de ébola (80 contagios en aquel momento) en el sureste del país y de la muerte de 59 personas. La mayor parte de los enfermos vivían en zonas fronterizas con Sierra Leona y Liberia, países que se han convertido en los más afectados.
El primer fallecimiento, sin embargo, se produjo en diciembre de 2013. El niño de dos años Emile solía jugar con los murciélagos alojados en un tronco del pueblo de Meliandou. Nadie sospechó que su muerte desataría la epidemia de ébola más mortífera de la historia.
El menor fue enterrado siguiendo las tradiciones funerarias de la región, que implican velar al muerto en contacto directo con su cuerpo, lo que desencadenó la propagación. Familiares y vecinos fallecieron en pocas semanas tras experimentar vómitos, diarreas y fiebres.
Médicos Sin Fronteras (MSF) fue la primera organización en alertar de que África Occidental se enfrentaba a una «epidemia sin precedentes». Pese a esta advertencia, la OMS se limitó a señalar que el brote de Guinea era preocupante, pero no extraordinario porque seguía patrones conocidos. A finales de junio, con más de 300 muertos, MSF afirmó que la epidemia estaba «fuera control». En agosto, se alcanzaron los mil fallecidos.
El brote puso en cuarentena la vida en África Occidental: se cerraron escuelas y fronteras; se aislaron poblaciones enteras; se precintaron edificios; se prohibieron festividades, velatorios y costumbres ancestrales.
La directora de la OMS, Margaret Chan, se rindió entonces ante la realidad: «Este brote avanza más rápido que nuestros esfuerzos para controlarlo». El 8 de agosto, cinco meses después de los primeros casos diagnosticados, la OMS declaró la emergencia pública sanitaria.
«Para que el brote de ébola alcanzara las dimensiones que adquirió y se descontrolara, muchas instituciones tuvieron que fallar. Y lo hicieron con consecuencias trágicas y evitables. Expuso la realidad de cuán lentos e ineficientes son los sistemas de salud y ayuda para responder a emergencias», subrayó ayer la doctora y presidenta internacional de MSF, Joanne Liu.

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