En blanco y negro
Una señora operada que no tiene mayor oficio que el de pasear por las pantallas el trasero que ha parido a la hija de un torero, hecho del todo extraordinario y fuente inagotable de beneficio, acaba de ganar un reality show que, según los afilados analistas, estaba amañado desde un principio para pulverizar todas las audiencias o, lo que es lo mismo, para ingresar millones en publicidad a la cadena. Y es que un tercio de los televidentes de ese país no quiso perderse semejante espectáculo. Y es genial que no se hable de otra cosa, a no ser que la otra cosa sea un complemento de seriedad informativa.
Por orden del juez Velasco, detuvieron el otro día en un operativo policial, cómo no televisado, a cuatro personas en un «nuevo golpe de la Guardia Civil a la red de control de los presos de ETA». Un nuevo parte de guerra añadió poco después que a una de las detenidas se le había decomisado un manual para fabricar terroristas. Han pasado unos cuantos días desde entonces y en ningún canal estatal han tenido la honestidad periodística de admitir que el supuesto tutorial terrorista no es más que un reportaje checo sobre la cuestión vasca, un documento que por supuesto jamás emitirán. ¿Por qué? Porque el mando de esa telerealidad lo tienen los mismos que cuando la caja tonta lo era en blanco y negro.

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