Toque de atención
Recados de Valverde y Gurpegi a un equipo condicionado por la falta de algunos jugadores básicos y lo que parece cansancio mental.

«Una linda jugadita, por amor de Dios», hubiera clamado el malogrado Eduardo Galeano de haber presenciado el soporífero Espanyol-Athletic del domingo. Dicen que en abril los equipos son lo que han llegado a ser y no lo que podrían haber sido. Y este Athletic nuestro está en esas. Lo que podía ser, en lo que se ha quedado, lo que pretendía volver a ser, lo que la realidad le impone. Si no fuera porque en el horizonte, lejano aún, está esa final copera, diríamos que los rojiblancos se conforman con lo hecho hasta la fecha. Pero más que conformarse, parece que, como diría aquél, es lo que hay.
Lo visto en la última semana, la imagen dada por muchos momentos, sobre todo, ante Sevilla y Espanyol, invita a pensar que la cabeza no corre paralela a las piernas, que el esfuerzo mental en una temporada tan de montaña rusa ha sido de tal exigencia que este plantel no está a día de hoy para un último esfuerzo que no sea ese monumental del día 30 de mayo. Osea que lo del séptimo puesto, mejor dejarlo para otros, que en la pelea cada vez hay más competencia. Es más, dependiendo de lo que se haga este sábado ante el Getafe, lo de la tierra de nadie puede ser un hecho... peligroso.
Ernesto Valverde mandó al respecto un recadito a los suyos el domingo. «Para vencer hay que ir a por ello», se soltó. No es el técnico uno de esos que se líe la manta a la cabeza, ni que ponga en la picota a sus jugadores, pero de vez en cuando deja caer andanadas. Y si alguno, despistado, no la pilla, para eso está el capitán, un Carlos Gurpegi que en medio del nivel plano del grupo, decidió jugar como si fuera su último partido y le echó ganas, casta, arrojo. Sus palabras, después, sería bueno que las repitiera hoy en el vestuario, en la vuelta a Lezama: «La mejor manera de preparar la final es ir a competir ante todos los rivales. Aunque salgan mejor o peor las cosas, dar siempre la cara, competir. El otro día contra el Sevilla e incluso por momentos en la primera mitad ante el Valencia, pareció que habíamos perdido el hambre de ir a por los partidos. No podemos perder eso. Al cien por cien somos muy buenos y podemos con cualquiera, pero si bajamos, nos ganan». Más alto quizá, más claro, lo dudo.
Parece evidente que hay un agotamiento mental, quizá falta de frescura tras un marzo al máximo nivel y eso después de una temporada de vaivenes. Hasta Mikel Rico es ya el primer recambio de Txingurri. Y superar al Málaga en la tabla no se hace sin bajarse del autobús. Exige un redoble de tambores que, como se ha visto, no está al alcance de la orquesta bilbaina.
Sin Aduriz, Muniain, Susaeta, Itu
El Athletic tiene demasiadas piernas encima a estas alturas de campaña, y eso sin entrar en los planteamientos que haga el técnico, que si Viguera en banda, que si Rico de media punta, o que si meter a Ibai para que ponga balones a la olla y quite a Guillermo, más ‘9’ que Iñaki.
Valverde argumentará, como lo ha hecho y porque es lo políticamente correcto, que a pesar de las ausencias hay gente capacitada y aunque jóvenes, hay que dar la cara. Que falta Aduriz, ya los meterá otro; que falta Muniain, ya dará con una solución. Pero no se lo cree ni él. Un once rojiblanco sin los Aduriz, Muniain, Susaeta o Iturraspe a un buen nivel, lo siento, pero no es un Athletic reconocible y pierde potencial. Mucho. Titulares hasta hace nada indiscutibles, jugadores con mucha calidad en sus botas, con peso en el equipo. Cualquier grupo se resintiría y a los leones les está pasando factura. Es así, ya está.
Por mucho Iñaki Williams que haya sido como una bocanada de aire fresco, apariciones así son contadas, como lo fue la de Aymeric Laporte –en una gris temporada esta, como evidenció el domingo– en su día. Lo demás, un fondo de armario para salir del paso. Suplentes sin minutos que por mor de las lesiones o sanciones hacen de titulares semanas o meses después y hacen lo que pueden, otros que ni siquiera eso y se pasan los domingos al sol de Lezama, jugadores de banquillo que desaprovechan oportunidades o tan solo hacen lo que pueden... Ni la irrupción de Williams oculta la falta de plantilla de la que el entrenador gustaría disponer.
Lo dijo el propio técnico hace semanas, el balance de la temporada se hace en mayo y clasificarse para la final de Copa solo suma o resta, seguramente dependiendo de cómo se resuelva, pero no debiera enturbiar un análisis más profundo del curso. Probablemente hablaba por él, ganen o pierdan; la afición, si hacen historia, se olvidará de los diez meses previos. Pero hasta entonces quedan siete partidos de Liga, para dar la cara, como pide Gurpegi, o seguir sembrando dudas. Y ante la duda, como diría el otro, échale cebolla.

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