Ellos siguen diciendo mierda, nosotros amén
El pasado lunes Letizia, la reina de España y guía espiritual de los españoles, abría la semana advirtiendo que «en el mundo de la mujer» hay «muchas cosas que deben mejorar y cambiar» como «la desigualdad en los salarios y en el tiempo que hombre y mujer dedican a la casa y a los niños».
El miércoles una acalorada y bilingüe alcaldesa Rita Barberá daba razón de los elevados gastos de su equipo en viajes y comidas aduciendo que, en Valencia, «no quiere cutrerías». Y en un ambiente distendido se procedió a una votación que Rita, en voz alta, contabilizó queriendo el destino que una parte de los votos sumaran 25. El número dos del PP en el Ayuntamiento, derrochando salero fallero contestó «por el culo te la hinco». No hay como las bromas para rebajar cualquier posible tensión.
Este viernes el inefable orador y diputado del PP, Vicente Martínez Pujalte, despojado a la manera aznariana de su antiguo, perturbador e identitario bigote, defendiéndose de la acusación, tanto a él como a Trillo, el héroe de Perejil, del cobro de comisiones ilegales por trabajos de asesoramiento a empresas privadas, declaró como justificación que «los diputados no tenemos derecho al paro».
¿Qué posibilita que una reina hable y pontifique sobre las tareas del hogar; una alcaldesa invite a sus amigos a menús de 80 euros a cuenta del erario; un concejal haga rimas en momentos de tensión con la oposición; y, unos diputados comparen las dietas y los sobresueldos con el subsidio de paro? Sencillamente, porque lo pueden hacer sin que ocurra nada. Pueden decir lo que les venga en gana aun careciendo lo dicho de toda verosimilitud y, por lo tanto, de sentido.
Hasta demasiado educados se me antojan los adalides de la Marca España, esos que nos gobiernan, pues bien podrían acabar sus explicaciones con algo tan español como «y si no, me vais a comer la polla». Serían muchos los apresurados en el cepillado de sus dientes.

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