Un golpe aún más doloroso por ser solo responsabilidad suya
Hasta los últimos minutos de la temporada, Gipuzkoa Basket tuvo la salvación en sus manos, y se le escurrió entre los dedos, sufriendo su segundo descenso deportivo en tres años. Jaume Ponsarnau explicaba la debacle en la marcha de Taquan Dean y el «conformismo» de un equipo que se hundió después de perder 9 de sus 10 últimos partidos.

Otra vez, por segunda vez en tres temporadas, Gipuzkoa Basket ve cómo pierde la categoría y deja de ser equipo de la Liga ACB, al menos en las canchas. Su esperanza vuelve a ser que el Burgos, que acaba de vivir su tercer ascenso consecutivo, vuelva a quedarse sin poder reunir el dinero necesario para ejecutar su ascenso. La fecha clave para saber el desenlace de este culebrón es el próximo 15 de junio.
Mientras tanto, en el seno donostiarra rumian los porqués de semejante debacle, sobre todo porque durante la temporada ha mostrado un nivel de juego mucho mayor. Por encima de tener el presupuesto más escaso de la Liga –apenas 2,6 millones de euros– o de tener que afrontar la marcha de Taquan Dean antes de asegurar la permanencia, Gipuzkoa Basket, a diferencia de la campaña 2012/13, ha perdido la categoría por sus propios errores... o lo que es lo mismo, por su culpa.
Sigue sin patrocinador y con un presupuesto siempre a la baja. Cierto que Gipuzkoa Basket ha padecido mucha miseria desde que perdiera gran parte de las ayudas institucionales a partir del verano de 2012 y Lagun Aro diera por terminado su patrocinio. La situación de crisis económica, digan lo que digan los indicadores, dificulta cerrar acuerdo ninguno, aunque ejemplos cercanos hay que demuestran que no es imposible cerrar acuerdos de patrocinio.
«La no concreción de un patrocinador, no nos deja dormir», explicaba Álvaro Bilbao en su último encuentro con la prensa –se le echó de menos en la rueda de prensa de Jaume Ponsarnau y David Doblas–. «No sé qué hacemos mal, pero un presupuesto de 2,6 millones ya es el límite. Estamos preocupados por el futuro de la entidad. O le damos estabilidad o será difícil seguir. Entre todos, no solo instituciones, vamos a tener que decidir el futuro del GBC». Si la entidad donostiarra no ha sido capaz de aprovechar el impacto mediático de la ACB –limitado, pero que existe–, pensar que un descenso a la LEB pudiera ser un paso atrás para tomar impulso se asemeja más a un sueño.
«Hay muchas posibilidades de que el equipo continúe en la ACB, aunque no todas», reconocía Jaume Ponsarnau en su rueda de prensa del martes. «Pero lo que de veras importa es que el club encuentre la viabilidad económica».
Victorias concentradas, derrotas concentradas. La temporada de Gipuzkoa Basket se puede definir como rara. Perdió sus cinco primeros partidos y nueve de los diez últimos. Es decir, que de las diez victorias donostiarras nueve llegaban entre la sexta –67-64 ante Andorra– y la vigésimo cuarta –64-79 frente a Manresa– jornadas. Con esas cifras –9 de 19–, se está más cerca del play off que del descenso.
«Fuimos la mejor defensa de la Liga», reflexionaba Ponsarnau. Gipuzkoa Basket encajaba 77,88 puntos al final, pero durante su «bloque victorioso» solo encajó más de 78 puntos en cuatro ocasiones: las derrotas ante Baskonia –79–, Estudiantes –82– y Real Madrid –86–, y la victoria sobre Manresa –94–. En la última decena, encajó 92 o más puntos cuatro veces.
«No tenemos el equipo más atlético ni el más intenso. La fuerza de nuestra defensa era el colectivo, pero en el equipo dejó de defender en colectivo».
«Conformismo» y «peligrosa tranquilidad». «A partir de la victoria contra Manresa miramos la clasificación y veíamos a cuatro equipos debajo de nosotros. Teníamos el average ganado a Manresa y a Andorra. Pero en estas Taquan Dean decide irse por más dinero, y yo decido buscar un fichaje que no rompa la química del grupo. Por eso trajimos a Abercrombie; me equivoqué, pero para el rol de Taquan, lo poco ‘diferencial’ que había en el mercado, venía marcado por un carácter especial», reflexionaba Ponsarnau.
Y llegó el «afán individualista» de los componentes del grupo. «Había que asumir un rol bonito», reconocía David Doblas, «pero repercutió al grupo, que ya no jugaba igual», añadía Ponsarnau. «Hubo jugadores que vieron lo que estaba pasando y han vivido este último tramo de forma angustiosa y sin poder dar lo que tienen dentro».
Resultaba curioso ver a Dani Díez y Jared Jordan premiados en la presentación de los play offs, pocas horas después de consumarse el descenso de la escuadra donostiarra tras una derrota en Zaragoza «en la que había una peligrosa tranquilidad por parte de todos», evocaba Doblas. «El Real Madrid no podía perder ante el Manresa»... hasta que perdió.
Sin competitividad fuera ni valor en Illunbe. La derrota por 66-95 ante Laboral Kutxa Baskonia significó el principio del fin de GBC. «Fuera de casa dejamos de competir. En Illunbe nos agarrábamos a los partidos, pero fuera, en cuanto se torcían un poco las cosas, el equipo desconectaba. Y la prórroga ante Fuenlabrada nos quitó la valentía». Valencia, Murcia y Bilbao Basket pasaron por encima de los donostiarras. Fuenlabrada y Sevilla ganaron en Illunbe por puro instinto de supervivencia.
Porque la salvación estaba hecha, pese a perder a Taquan Dean. Y el conjunto donostiarra se dejó ir, ganando solo un partido de los diez últimos. Lo pagó con el descenso, y como no reaccione cuanto antes, lo pagará con su propio futuro.

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