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Aginaga y San Sebastián ayunan por quinta jornada contra el castigo a Ijurko

Etxerat informó ayer de diferentes luchas emprendidas por los presos en A Lama y Puerto III para denunciar situaciones de aislamiento, como la que les ha llevado a los prisioneros Mikel San Sebastián e Ibai Aginaga a cumplir cinco días de huelga de hambre para oponerse al aislamiento del hasta entonces compañero de módulo Hodei Ijurko.

Mikel San Sebastián e Ibai Aginaga cumplieron ayer su quinta jornada de ayuno para exigir que acabe el castigo hacia el preso de Etxarri Aranatz Hodei Ijurko. Desde Etxerat informaron que es la segunda ocasión en que lo aislan este año y recordaron que en la anterior se le mantuvo en ese régimen especial durante tres meses.

Desde la asociación de familiares y amigos de presos explicaron que Aginaga y San Sebastián han reiterado su intención de proseguir con la huelga de hambre en la prisión de A Lama, en Pontevedra. Antes de ayer, apuntaron, les tomaron el pulso en la sangre y el jueves les practicaron pruebas para comprobar el nivel de azucar en sangre. De los datos que conocen, saben que la salud de los prisioneros es estable.

A Lama no es la única cárcel donde los presos políticos vascos han emprendido luchas contra el aislamiento. En Puerto III, efectúan chapeos cada miércoles desde el 1 de julio en solidaridad con la situación de aislamiento «extremo» de Arantza Zulueta, «práctica –apuntan desde Etxerat– también conocida como ‘tortura blanca’ por sus graves consecuencias físicas y sicológicas».

La abogada se encuentra en esta situación de aislamiento desde que fuera encarcelada hace año y medio, tal y como han denunciado esta misma semana abogados europeos. «Entre otras cosas, los cacheos por palpitación a la salida y entrada de su celda son automáticos y los registros practicados de malas maneras son habituales», explicaron desde Etxerat.

Zulueta, incidieron, no tiene contacto «en absoluto» con ningún otro preso. En ese mismo régimen que soporta la letrada que defendía a prisioneros, se encuentra el también letrado Jon Enparantza, quien se encuentra en la prisión de Segovia.

Un viernes más se sucedieron las movilizaciones por los presos políticos en distintas localidad vascas. En Lekeitio se reunieron 125 personas, Beasain 74, Oñati 54, Deba 40, Mutriku 50, Lizarra 32, Zarautz 147, Agurain 28, Bergara 52, Legorreta 17, Lazkao 100, Ondarroa 207, Hernani 120, Elgoibar 30, Zizur 22, Arbizu 37, Errenteria 209, Iruñea 162, Andoain 36, Galdakao 59, Bera 14, Donosti 103, Gasteiz 315, Aribe 33 y Etxarri Aranatz 50.

El jueves también hubo movilizaciones por los presos en Txantrea con 38 personas, Burlata 5 e Iturrama 32 mientras el miércoles pasado lo hicieron 26 en Atarrabia.

Errenteria reivindica los derechos del hijo de los presos Eider Pérez y Jon Solana

La plaza del Ayuntamiento de Errenteria es el lugar elegido el lunes, a las 19.15, para reivindicar que los hijos de los presos también tienen derechos. Allí, quienes se reúnan se sacarán una fotografía con la que pretende llamar la atención sobre la dispersión carcelaria de los prisioneros Eider Pérez y Jon Solana, que va en contra de la ley vigente, al impedir que su hijo Garikoitz, de siete años, los pueda ver juntos y tenga que recorrer un fin de semana más de 1.900 kilómetros para estar con ellos, por separado, en las prisiones de Córdoba y Sevilla

Desde Sare explicaron que el pequeño pasó los tres primeros años de su vida junto a sus padres, hasta que tuvo que irse a vivir con sus abuelos. Desde entonces, ha tenido que efectuar un viaje de 865 kilómetros, de ocho horas, para visitar a su madre y a su padre en Córdoba. Todo cambió en el otoño de 2014, cuando Jon Solana fue trasladado a Sevilla, con lo que los viajes de Garikoitz se complicaron.

Esa situación «se arregló a principios de este año», cuando volvieron a juntar a la pareja en Córdoba, pero hace dos semanas han vuelto a trasladar a Solana a Sevilla, de modo que su hijo tiene que volver a realizar el «durísimo trayecto de más de 1.900 kilómetros» para ver a sus padres por separado. «Según la legislación, la pareja tiene que cumplir la pena en la misma prisión y favorecer los lazos familiares, lo que lleva a que los hijos hagan la visita junto a sus padres», apuntan.