Las espadas nunca volaron

El taiwanés Hou Hsiao-hsien podría ser definido como un “animal de festivales”, un autor que ha labrado su prestigio a lo largo de una ruta de festivalera en la que ha sido alabada su poética visión de las cosas y las causas. Sin traicionar en momento alguno su discurso, el autor de “El maestro de marionetas” ha elaborado en “La asesina” un compendio de lo que mejor sabe hacer y para tal fin, ha sacrificado uno de los componentes imprescindibles del género wusia, el mero y simple entretenimiento. Desde las primeras escenas, Hsiao-hsien apuesta por sorprender al público con un prólogo en blanco y negro que sacrifica el fuerte impacto visual que siempre acompaña a este tipo de filmes dotados de un arrollador colorido. Por fortuna, todo queda en un simple “toque autoril” y la pantalla se transforma en una paleta de colores y miradas que en momento alguno logran arrancar una historia que podría haber sido resumida en diez minutos pero que el cineasta se empeña en prolongar mediante secuencias que aspiran a ser pinturas en constante movimiento pausado.

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