Víctor ESQUIROL
«Truman»

El mejor amigo del hombre

Tomás sale a la calle. Vagando sin rumbo por el barrio, se topa con Julián, quien está paseando al perro. Hace tiempo que no se ven, de modo que tienen que pasar unos cuantos segundos antes de que se decidan a mover ficha. Una vez superada la barrera impuesta por su –rancia– concepción de la heterosexualidad, se funden en el abrazo que exigían tantos años de amistad. Y en estas que acaban pasando la mañana juntos. Y la tarde. Y toda la noche. Entre referencias al pasado y alguna que otra mirada inquieta hacia el futuro, se suceden las cervezas, las risas y los reproches... Hasta que dejan seca la cartera. Y ya. Vuelven a sus respectivos hogares. Julián con la sensación de haberse enriquecido con la experiencia. Tomás, simplemente, no, pero con el mismo buen sabor en la boca. Y así nos lo cuenta Cesc Gay, quien con “Truman” hace gala de un estado de forma (llámese inspiración artística) casi insultante. Da la sensación de que su séptimo largo se ha concebido (y ejecutado) con poco más que el piloto automático y, sin embargo, el resultado final (sensiblemente por encima de la media de la mayoría de productos hermanos) habla por sí solo. Lo que los ojos ven se reduce, básicamente, a los tics contenidos de Javier Cámara y a la presencia de un Ricardo Darín humildemente colosal. Entre ambos, algo que va más allá de la química y que desgraciadamente (para quien escribe) solo pueden detectar las entrañas. Esto y el fantasma de la muerte, de fatalidad omnipresente. De esto parece que trate la película, de cómo lidiar con la pérdida. De esto y de cómo no renunciar a la dignidad a la hora de abordar dicho tema. Sin estridencias ni lecciones para la posteridad. Con un sentido de la naturalidad sencillamente desarmante. Con toneladas de honestidad. Cesc Gay hace de la complejidad de las relaciones humanas algo cercano (en apariencia) al divertimento más simple. Apoyándose en su infalible dirección de actores, construye, a través de los gestos y miradas de éstos, una muy accesible (pero no por ello complaciente) reflexión sobre la feliz amargura de vivir. De esto va realmente la película. Con “Truman”, drama y comedia dejan sus diferencias aparte para hablar de la vida. Tal cual. Y es por esto que todo en ella transcurre como en la vida en la misma. Como si esto no fuera la gran mentira del cine; como si fuera fácil, vaya.