Mantenerse en «la cima»
La exigencia de resultados es lo que a fin de cuentas se valora, masivamente, en nuestras sociedades. No importa lo duro que haya sido el camino, ni lo aprendido, ni las huellas dejadas, el resultado final es lo que cuenta. Nos pasa al “juzgar” el fruto de nuestro trabajo y el de los demás. Así que, no nos importa comprar una chaqueta bien bonita y bien barata, a pesar de que las condiciones de explotación de quienes la han elaborado sean inaceptables. Algo similar sucede cuando hablamos de películas o relatos audiovisuales. Poco importa cuáles han sido las dificultades que ha atravesado el equipo de trabajo, juzgamos el resultado final. Tras calificarlas, las películas se convierten en “buenas” o “malas” siguiendo un camino de análisis simplista sin parangón. Más de una vez he reivindicado aquí, y en cualquier espacio, la valía del intento, del camino realizado, de eso que llamo “ensayo-error” como lo único que personalmente, muy personalmente, considero válido.
Ante la exigencia de resultados “cuantitativos”, más nos valdría considerar “lo cualitativo” a la hora de mirarnos y de juzgar el trabajo ajeno, porque en ese camino de la elaboración existen pasos brillantes que, quizá, al fijarnos únicamente en el resultado final pasan desapercibidos. Créanme, nada como proporcionar a las espectadoras un buen “fracaso” o un bonito “ensayo-error”, el éxito esta sobrevalorado.

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