El final caminando hacia el horizonte ya no es feliz

El acierto de Juan Miguel del Castillo en su ópera prima me parece completo, porque ha sabido salvar el escollo que supone la falta de tradición de un cine social en el Estado español. Su película más que al crudo naturalismo de los hermanos Dardenne, mira hacia las películas neorrealistas de la posguerra, que reflejaban en un estilo costumbrista las miserias de la vida en el franquismo. Todas esas escenas de las llamadas de cobradores a la puerta de la protagonista, que permanece en el interior de la vivienda oculta y en silencio, forman parte de una rutina diaria que nos retrotrae a los tiempos del miedo y del hambre. Es un modo muy ilustrativo de plasmar el involucionismo cotidiano al que nos ha conducido la política de recortes económicos.
“Techo y comida” pertenece de lleno a la categoría de películas necesarias, y lo es porque solo el cine comprometido con la realidad social puede cubrir el espacio que las televisiones dedican a los gobernantes, negándoselo a la ciudadanía y sus verdaderos problemas. El debutante Juan Miguel del Castillo se ocupa de otro tipo de hecho noticiable, concerniente a las gentes anónimas que sufren o pagan las consecuencias de la crisis. Se ha basado en un suceso real, que en la ficción ha trasladado a Jerez de la Frontera, pero conservando el personaje de la madre joven enfrentada al desahucio.
Lo interesante de “Techo y comida”, narrativamente hablando, es que no sigue una línea argumental convencional, decantándose por una exposición casi documental del proceso de empobrecimiento que soporta una desempleada con un hijo pequeño a su cargo. Del mismo modo que el dinero llama al dinero, las deudas generan la consiguiente ruina, hasta acabar literalmente en la calle. Primero te cortan la luz y luego el algua, mientras los alimentos escasean y se acaba revolviendo entre las basuras o haciendo cola en los centros de caridad...

La marcha de Tubilla destapa la enorme marejada en las filas del PNV

Grandes corporaciones han acogido a agentes de las «cloacas del Estado»

Ordenaron parar citas con casos de Iztieta y hubo peticiones de silencio

De la lucha anti-ETA a la UCO, un camino muy transitado
