Itziar Ziga
Activista feminista
JO PUNTUA

Una mujer bajo la influencia

Creía yo que se me había pasado el arroz para ser reducida a marioneta de algún macho oportunista. Pero al parecer la inconstancia femenina es infinita. Se dice, aunque no se me dice a mí claro está, que me he dejado manipular por ciertos organismos en la sombra y que circulo por ahí turulata perdida. ¡Cómo se reiría mi amatxo con este chisme! Siempre me lo recordaba: fue salir de su vientre, e imperturbable, empezar a hacer lo que me daba la gana. Nunca he necesitado la influencia de nadie para equivocarme, para comprender, para posicionarme o para cambiar. La gente de la que más he aprendido no pretendía enseñarme nada. Esto que acabo de atribuirme son obviedades, nunca he conocido a nadie que no pensara por su cuenta. Incluso para imitar algo, tienes que decidir hacerlo.

Me llega que he sucumbido a la manipulación de ciertos machos de la izquierda abertzale, han debido utilizar alguna técnica de hipnosis porque yo me siento igual de testaruda que siempre. Han anulado toda mi trayectoria vital de liberación, de un proceso de superación de la violencia machista largo, fructífero y consecuente con el feminismo por el que abogo, de mi obcecada negativa a pertenecer a un grupo. Debo ser la más fácil de las hembras, entrego mi voluntad a los hombres siendo lesbiana. Aunque, mis ideas no han cambiado en lo más importante desde que empecé a publicar en 2009. ¿Acaso me han manipulado para que me reitere en mis propias posiciones?

Invalidar la opinión de otra mujer porque no nos gusta lo que dice con la excusa de que algún macho le ha sorbido los sesos es misoginia destilada en bucle, además de zanganería hasta para inventar. Cuando en vez de discutir y aceptar nuestras divergencias como hemos hecho siempre, se desacredita a alguien en plan «calla cucurucho que no te escucho», el nivel desciende al parvulario.

Sé que todo no tiene que ver conmigo, en este país arremeter sistemáticamente contra la izquierda abertzale ha investido a mucha gente de cierta excelencia sin tener que luchar por nada. Basta con invocar a esos machos que son como un eterno ente fantasmal y, de paso, las mujeres de Sortu quedarán suspendidas en cierta fantasiosa sumisión. Nada más insultante y patriarcal hacia ellas. El Congreso va a ser más hostil sin la valentía, la generosidad y la dulzura de Sabino Cuadra, aunque menudas dos indómitas les mandamos. En estas calles palpitará siempre el frenesí que espanta la derrota de Eugenio Soto.