El PSOE sigue con su guerra interna y aferrado a la «unidad de España»
Tenían que hablar de pactos pero terminaron enfrascados en sus luchas intestinas. Los integrantes del Comité Federal del PSOE se encerraron en Ferraz para dejar claras sus desavenencias. Únicamente dieron un paso: plasmar por escrito el veto a un acuerdo alternativo con Podemos a no ser que el partido de Iglesias renuncie al referéndum catalán.

Más que debatir sobre cuál será la posición del PSOE ante la próxima sesión de investidura en el Congreso español, el Comité Federal del partido liderado por Pedro Sánchez se dedicó a disputar quién gestionará los restos del que antaño fue el principal partido del Estado. El todavía secretario general ganó una primera batalla y sus adversarios, capitaneados por Susana Díaz, no lograron imponer la fecha del cónclave interno para febrero. Mientras, la plana mayor de Ferraz aprobó un documento que marca las mismas líneas rojas que ha definido hasta ahora: «no» a Mariano Rajoy, «no» a dialogar bajo la premisa del referéndum en Catalunya (lo cual es un portazo a Podemos) y rechazo a unas nuevas elecciones. Es decir, un intento de estar en misa y repicando porque, al final, tendrán que escoger entre una de estas tres opciones, bien sea por acción o por omisión.
El veto incluso a iniciar conversaciones con el partido de Pablo Iglesias es la principal novedad. Según el documento aprobado por la mayoría del Comité Federal (con el único rechazo de Izquierda Socialista, que es partidaria de un gobierno «a la portuguesa» junto a Podemos y Unidad Popular), «la autodeterminación, el separatismo y las consultas que buscan el enfrentamiento sólo traerán mayor fractura a una sociedad ya de por sí divida. Son innegociables para el Partido Socialista y la renuncia a esos planteamientos es una condición indispensable para que el PSOE inicie un diálogo con el resto de formaciones políticas». Esto excluye el diálogo con Iglesias y marca la posición que tendrá Ferraz a partir de enero, cuando Rajoy no logre la mayoría suficiente para ser elegido jefe de Gobierno. No obstante, para eso todavía queda tiempo.
La principal atención en Ferraz no estaba en los movimientos hacia fuera sino hacia dentro, que es un clásico siempre que al PSOE no le van bien las cosas. «Barones» andaluces, extremeños, valencianos y asturianos, entre otros, llegaban con la exigencia de celebrar el congreso ordinario cuando toca, es decir, en febrero. Esto supondría que tendría lugar en mitad del proceso para investir presidente español y que Sánchez, que llegó a la secretaría general con el apoyo de Díaz, podría ser descabalgado antes de unos nuevos comicios. Poniendo la venda antes que la herida, el aún líder dijo que se presentaría a la reelección posponiendo el cónclave.
La primera batalla la gana Sánchez, que ha logrado que no se convoque el congreso. Aunque todavía podría haber segunda vuelta, ya que los «barones» tienen la potestad de convocar un Comité Federal extraordinario en enero si logran el apoyo de un tercio de sus miembros. También puede realizar el llamamiento la Ejecutiva, pero no es factible teniendo en cuenta que son personas de Sánchez.
Una vez despejada esta primera duda tocaba hablar de pactos, que es en lo que quería centrarse Sánchez. Y aquí nada se mueve. La declaración solo sirve para ganar tiempo y preparar el terreno para el momento en el que el PSOE lleve la iniciativa. Podemos ya dejó claro que el referéndum en Catalunya es irrenunciable. Y en Ferraz ni siquiera responden a otros llamamientos como la ley de rescate social. Da la sensación que lo que busca Sánchez es dejar el argumentario listo para poder culpar a Iglesias de algo. Lo que no está claro es si le responsabilizará de repetir elecciones o de una abstención.
PP y Ciudadanos esperan a Sánchez mientras Iglesias alerta sobre la «triple coalición»
Mientras los cuchillos volaban en Ferraz, Pablo Iglesias y Albert Rivera, líderes de Podemos y Ciudadanos, respectivamente, pasaban por la Moncloa dentro de la ronda de conversaciones abierta por Mariano Rajoy, presidente español en funciones. Rivera, que en campaña se presentaba como alternativa, ha asumido rápidamente su papel de tercera pata, mientras que Iglesias sigue gestionando los tiempos consciente de que el PSOE tiene que elegir entre peste y cólera.
Quizás para guardar las formas, Rivera insistió ante Rajoy en que no apoyará ningún Gobierno que él no encabece. Y condicionó su abstención a que Sánchez haga lo mismo, permitiendo que el PP mantenga un precario Gobierno que, al menos, contaría con los presupuestos aprobados. Centró sus críticas en el secretario general del PSOE y se envolvió en la bandera de la «unidad de España» para desacreditar cualquier pacto alternativo. «A ver cómo sale Pedro Sánchez de ésta. Le pido que escuche a sus líderes territoriales. La soberanía nacional no debería estar en juego en un acuerdo de Gobierno con Podemos ni con sus coaliciones», afirmó.
Rajoy, por su parte, recogió el guante y centró también sus planteamientos en rechazar el referéndum. Insistió en su «negativa rotunda» a cualquier propuesta política que suponga la «ruptura de la soberanía nacional o de la igualdad de los españoles». También señaló que, en su opinión, la «fragmentación política» puede provocar una «parálisis» que frene lo que él ha denominado «proceso de crecimiento económico». Básicamente, que la pérdida de apoyos del PP implica que no pueda desarrollar sus políticas.
Sin tanto buen ambiente se reunió también con Pablo Iglesias, aunque solo para constatar que están en las antípodas. «Lo que hemos dicho es lo mismo que decimos siempre: quien no entienda que la unidad de España se defiende desde la democracia y quien no entienda la diversidad y la plurinacionalidad del país no ha entendido nada. Lo mismo que dijimos hace una semana lo seguimos diciendo». El objetivo de Podemos es ubicar en el centro del debate la denominada «Ley 25», que plantea medidas de rescate social como la prohibición de que se corte la luz o el agua a quien no puedan pagarla o el veto a desahucios sin alternativa habitacional.
Emplazó al PSOE a dejar de hacer «teatro» y aclarar si va a facilitar un Gobierno del PP con su abstención. Opción que, visto lo visto en Ferraz, está más cercana que un posible pacto «a la portuguesa» que el PSOE rechaza completamente.GARA
Moreno y Lisci, dos trayectorias de menos a más en Osasuna

«Elektronika zuzenean eskaintzeko aukera izango dugu orain»

«Gizarte aldaketa handi bat» eskatu du euskararen komunitateak

ASKE TOMA EL TESTIGO DEL HATORTXU EN ATARRABIA
