Gloria LATASA
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Adaptación acústica

Un amigo geólogo me contó hace años que los principales tipos de lava que emiten los volcanes habían sido bautizados en un congreso en Hawái. Un lugar del planeta donde su particular naturaleza permite que aparezcan toda la variedad de lavas posibles. Y me dijo también que algunos de sus nombres eran Pahoehoe y A’a (léase pa-ho-ho y ah-ah). Teniendo en cuenta que mi amigo era un gran bromista, pensé que me estaba tomando el pelo.

Sin embargo, no se trataba de ninguna broma. Hay muchos tipos de volcanes con un aspecto que depende de la lava que los conforma. Y hay muchos tipos de lavas en función del mineral que contienen. Algunas son delgadas y fluyen como grandes ríos (Pahoehoe) que ocupan decenas de kilómetros. Otras son muy gruesas y sólo pueden desplazarse pequeñas distancias (A’a). Las hay, incluso, tan espesas que apenas llegan a deslizarse y son capaces de taponar las galerías del propio volcán (Pillow). Al estar todas representadas en los diferentes volcanes hawaianos se decidió bautizarlas con el curioso lenguaje local. Una lengua en la que las palabras fluyen delicadamente entre vocales en contraste con otras zonas del planeta donde los vocablos se encuentran repletos de consonantes. ¿Porqué esas diferencias entre unos lugares y otros? Según un estudio realizado con más de 600 idiomas a lo largo de todo el mundo podría estar relacionado con el clima y con el terreno en el que las lenguas se han desarrollado.

Los resultados de la correlación entre los idiomas y la información ecológico-climática muestran una tendencia al uso de sonidos de baja frecuencia, con un menor número de consonantes distintas, en las zonas más cálidas y boscosas. Por el contrario, en las regiones más frías, más secas, y en los lugares más montañosos predominan las lenguas más pesadas en consonantes. El fenómeno, conocido como Adaptación acústica, también se da en el reino animal (aves, murciélagos…) según había quedado demostrado en investigaciones previas.