Carlos GIL
Analista cultural

La piel

La cebolla es una expresión del arte acumulativo de experiencias y tiempo. Cada capa se forma a su ritmo y cumple una función protectora de la anterior. El arte de la memoria corporizado y aromatizado. Una secuencia de emociones capturadas desde la química más historiada. La música como pigmentación del anhelo de superación; el baile como coagulación de las derrotas amorosas con la poesía como la cera que van creando las abejas y mariposas que nos habitan para proteger a la piel que es la vida o el arte.

¿Dónde se coloca en nuestra escala biogenética David Bowie? Algunos han sentido su muerte como el fin de su esperanza, como si concluyera su propia biografía adherida a un recuerdo, un sonido, una voz, una luz. Son los mitos mediáticos que conforman unas sectas de fabuladores que difuminan su personalidad en las gestualidades de sus artistas preferidos. Algunos son reincidentes convulsos y a cada obituario de una figura del pop añaden un episodio absolutista a su relato de la nostalgia, esa droga dura paralizadora.

Por eso la piel nos protege de todas las radiaciones excesivas, nos señala y compartimenta en un mundo de exclusividades mercantilizadas. Si no toco tu piel eres igual que un holograma, como un efecto óptico aunque me hagas soñar y creer que me cantas a mí de manera directa. Son las creencias patológicas, la fe en el mercado y la publicidad. El arte epidérmico.