Jubileo cultural en 2016
El espectáculo de luces mesiánicas “Puente de la convivencia” resultó un auténtico fiasco. Y no hablamos de anomalía estética creadora ni de cosmopolitismo vilipendiado. La deposición conceptual (no es una metáfora), que costó a la ciudadanía más de 660.000 euros, no provocará dimisiones, ni las arcas públicas recuperarán los emolumentos de Hansel Cereza, artífice del evento.
Mi desafección del Proyecto DSS2016.eu no es algo de hace dos días. Desde sus inicios hasta la actualidad, me ha parecido que quien no se acomodaba a la voluntad totalizante del protorrelato institucional quedaba relegada a los confines del más allá de lo políticamente incorrecto. Como si no apoyar la propuesta fuera una traición y deslealtad a la ciudad y sus habitantes.
Todo tiene su explicación. Rechazo el concepto de capitalidad cultural que convierte a la agraciada –premiada por la intelligentsia político-cultural– en una ciudad expuesta, y a sus pobladoras en figurantes. No soporto la hipertrofia consumista que suplanta la cultura, relegándola a exhibición propagandística; con su homo/ mulier spectator y sus especulaciones y flujos financieros.
Dos personas murieron en la calle la pasada semana. He aquí la alegoría de la transfiguración tramposa de la cultura de la convivencia. ¡Fiat lux!

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