Fede de los Ríos
JO PUNTUA

La triste historia de lo que algunos llaman España

Un día tras otro la llamada actualidad españo la nos hace cada vez más indignos. O, si se prefiere, menos dignos porque ante la certeza absoluta de que los que dirigen nuestras vidas son un atajo de canallas, miserables y ladrones cada vez mostramos menos indignación. Aquí roba de lo público todo cristo, desde la realeza hasta el último periodista al servicio de su amo. La reiteración de lo inaudito crea tal sensación de hastío que llega a paralizar las naturales reacciones de rechazo ante el pillaje. Y siendo nosotros, trabajadores, parados y pensionistas, los robados.

Con unas leyes hechas por ellos a su medida (a la medida de los canallas) y, no obstante, cerca de ocho mil imputados por corrupción. A un ritmo de siete diarios. Robar de forma legal les resultaba, a todas luces, insuficiente.

Lo último, dado a conocer por sus trabajadores, es el expolio de Telemadrid, una televisión pública. Cada defensa de la España Una, Grande y Libre frente a la amenaza rojo-separatista era amenizada por el sonido de campanillas de la caja registradora. Así son los periodistas patriotas y demócratas. Todo legal, por supuesto.

Con una parte importante de la población en situación de pobreza, con los poderes económicos europeos controlando la política española, el Estado en descomposición y la clase política pariendo panteras sobre las líneas rojas en la negociación para la formación de gobierno. Mientras Rajoy encomendándose al apóstol Santiago, reza para que todo pase enseguida.

La condesa Esperanza Aguirre rodeada de cadáveres y moscas, dando lecciones a diestro y siniestro, olvidando lo que su tío Jaime Gil de Biedma escribiera: De todas las historias de la Historia/ sin duda la más triste es la de España,/ porque termina mal. Como si el hombre,/ harto ya de luchar con sus demonios,/ decidiese encargarles el gobierno/ y la administración de su pobreza.