Alberto PRADILLA
MADRID
INVESTIDURA DEL PRESIDENTE ESPAñOL

Sánchez escenifica la baza de C´s pese a que los números no le dan

El PSOE insiste en la vía de acuerdo con Ciudadanos a pesar de que, según Alberto Garzón, sus representantes niegan que exista un acuerdo global firmado. Hoy se reúnen las ejecutivas de Pedro Sánchez y Albert Rivera, probablemente para ratificar el documento. Mientras, el carril a cuatro avanza lento y cada vez con menos ruedas de prensa.

El Congreso español continúa como escenario de un gran teatro en el que nada es lo que parece y cada uno vende su interpretación, siempre incompatible con lo que propugna su posible socio y a la vez rival en las urnas. Pedro Sánchez, actor principal y candidato del PSOE, dio un paso más en su estrategia al escenificar un acuerdo con Ciudadanos que, en la práctica, no le garantiza la investidura, ya que juntos solo suman 130 escaños. Al mismo tiempo, sus emisarios se sentaban en la mesa a cuatro junto a Podemos, Compromís y Unidad Popular, donde negaban ese pacto que, por la tarde, diversos medios ya avanzaban. Hoy por la mañana se reúnen las ejecutivas de PSOE y Ciudadanos para ratificar el documento adelantado por varios medios.

Para entender la liturgia de la jornada hay que afrontar el relato en orden cronológico y a través de varias líneas argumentales. Por la mañana, Albert Rivera anunciaba que sellaría un acuerdo con Sánchez si este aceptaba una reforma constitucional basada en cinco puntos: supresión de los aforamientos de los cargos públicos; reducción a 250.000 firmas de la exigencia para presentar una ILP, la «despolitización» de la Justicia, la supresión de las diputaciones (que no afecta a las diputaciones vascas) y limitar el mandato del presidente español a ocho años. Unas medidas que, además de necesitar el concurso del PP, ya que controla el Senado, nunca habían aparecido entre los escollos para el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos, centrados en la economía.

Sánchez, que iba a comparecer inmediatamente después de Rivera, se tomó su tiempo para responder. A las 16.00 horas, tras varios retrasos, proclamaba solemnemente que «habría acuerdo». Algo que, probablemente, sabía desde la víspera, cuando se encontró con Rivera en el Congreso. No tenía muchas ganas el candidato del PSOE de aceptar preguntas, así que no despejó dudas sobre cómo pretendía garantizarse la investidura (e incluso la legislatura) con el apoyo de 130 escaños.

Sánchez calificó de «histórica» la alianza, por implicar el pacto entre «un partido de centro-izquierda y otro de centro-derecha». Según José Manuel Villegas, negociador de Ciudadanos, el texto incluye entre el 70% y el 80% de las demandas de su formación. Hoy se reúnen las ejecutivas de ambas formaciones y, en el caso del PSOE, se acordará la pregunta generaría que se formulará a sus bases en la consulta del fin de semana. En principio no habrá rueda de prensa en ninguna de las sedes, lo que facilita seguir jugando a la ambigüedad.

El PSOE niega el acuerdo

Paralelamente al acercamiento entre PSOE y Ciudadanos se desarrollaba la segunda trama: las negociaciones a cuatro entre los enviados de Sánchez junto a Podemos, Compromís y Unidad Popular. Un diálogo que se inició el lunes y que seguirá mañana sin que se conozcan datos más allá de generalidades. Fuentes de la formación de Pablo Iglesias se limitaron a señalar a última hora que tanto en el encuentro bilateral con el PSOE como en la posterior reunión a cuatro se había avanzado en cuestiones económicas.

Tras esa segunda reunión solo salió ante la prensa Alberto Garzón, que aseguró que los delegados de Sánchez negaban que se hubiese producido ningún acuerdo con Ciudadanos. ¿Para qué han convocado a sus ejecutivas hoy? No hay otra respuesta razonable que no sea suscribir el acuerdo que, en principio, haría imposible seguir por la senda a cuatro bandas. Sin embargo, las reglas no escritas de este proceso dicen que nadie puede levantarse de la mesa. «Si el PSOE demuestra por los hechos que nos está mintiendo, será él quien tenga que dar respuestas a la ciudadanía», dijo Garzón, que trató de vender una buena sintonía aunque asumiendo que un acuerdo PSOE y Ciudadanos sería un inmenso abismo.

Siguiendo la lógica con la que se desarrollan las negociaciones es muy posible que ese veto quedase en papel mojado aunque hoy se oficializase el pacto de PSOE y Ciudadanos. En primer lugar, porque es probable que la redacción del documento sea lo suficientemente fina como para que Sánchez pueda seguir manteniendo su dogma de que cambio es que «todos los partidos voten distinto que el PP». Apuntes publicados ayer, como la modificación del artículo 135 de la Constitución o la reducción del IVA cultural al 10% apuntalarían esta tesis. Es decir, que no se puede descartar que el PSOE siga intentando presionar a Podemos a pesar de lo firmado con Ciudadanos. En segundo lugar, porque teniendo en cuenta que queda menos de una semana para la investidura y en las reuniones a cuatro no se ha avanzado más que los dos primeros puntos de debate (economía y política social), evidencia que este carril puede alargarse más allá de las dos primeras votaciones, que están previstas para los días 3 y 5 de marzo.

Otras dos tramas que afloraron ayer son las del diálogo entre PP y Ciudadanos y los encuentros entre Podemos y los independentistas catalanes. En el primer caso, el partido que lidera Mariano Rajoy se limitó a certificar que espera al fracaso de Sánchez para entrar al terreno de juego. Rivera quiere su abstención pero Génova se niega. Su próxima cita será el 4 de marzo, en medio de las dos votaciones de investidura. En el segundo, el de los independentistas catalanes, no hay novedad. Tanto DiL como ERC insisten en el referéndum como condición. Un tema que nadie mueve salvo Garzón, que dijo a última hora que no se podían supeditar cuestiones como derogar la Ley Mordaza a la consulta catalana.

Hoy, con menos comparecencias, sigue el juego. Faltan 6 días.

 

Las improvisaciones del PSOE para jugar con ventaja

Aspira a ser el partido que liderará el Gobierno español pero ayer dio muestras de tener dificultades para gestionar asuntos mucho más mundanos. El «error» de Patxi López a la hora de computar los días para la investidura y el «show» de Pedro Sánchez a la hora de dar la rueda de prensa en la que escenificó su acuerdo con Ciudadanos fueron evidencias de la improvisación con la que se juega en estas maratonianas jornadas. Por la mañana, López anunciaba que adelantaba un día el debate de investidura. Es decir, que será el martes 1 de marzo. Se excusó argumentando que no se habían calculado bien los dos meses que deberían transcurrir hasta la celebración de nuevas elecciones en caso de que no hubiese acuerdo y que estas coincidirían en lunes de aplicarse el calendario previo. ¿De verdad no lo habían previsto? Más parece que López lo que buscaba era regalarle a Pedro Sánchez la exclusividad mediática del día 1, en el que intervendrá solo para recibir las réplicas 24 horas después. El secretario general del PSOE tampoco anduvo fino por la tarde. En principio había convocado a los medios a las 12.00 horas, justo después de que Albert Rivera anunciase su plan de acuerdo. Algún cálculo realizó que terminó atrasándola. Primero a las 12.30. Después a las 16.00, que es precisamente la hora en la que comenzaba la bilateral con Podemos. Sánchez no quería muchas preguntas, así que convocó a la prensa en el pasillo exterior del Congreso. Con 80 periodistas amontonados era evidente que no se podía realizar el «canutazo», así que, en desordenada procesión, todos se refugiaron en el set de televisión, lo suficientemente incómodo para que solo hubiese dos preguntas.A. PRADILLA