Bis
Hoy es el día veintiocho de febrero, bis. Por eso los años en los que esto sucede se llaman bisiestos. Casi todo viene de lo romanos, y ellos decidieron que los excedentes de tiempo se acumularan cada cuatro años el día anterior a las calendas de marzo. Y ese día era el bis. Hoy es el cumpleaños de Pedro Sánchez y la militancia, la tecnología y los fontaneros de su grupo de dirección del partido zombi le han regalado un sí, a no se sabe qué. Porque la pregunta era tan ambigua como ese pacto con dos redacciones contradictorias que le va a deparar a partir de mañana unos cuantos minutos y horas de gloria televisiva.
Cada cuatro años, en días como hoy, conocemos multitud de anécdotas de aquellos que han nacido en este día bis porque se pasan tres años sin poder celebrar su aniversario.
¿Cuántas personas están en estas condiciones? ¿Han formado alguna asociación para reivindicar algún asunto? ¿Marca sicológicamente este ser y no ser felicitado? En los años que no son bis, ¿lo celebran el día anterior o el posterior? Preguntas idiotas sin respuesta pero que nos están dando muchas horas televisivas para el entretenimiento.
A Arnaldo Otegi, por el contrario, este bis, le ha significado un día más de prisión injusta. Pero mañana verá la calle, a sus amigos, familiares y simpatizantes, respirará y deberá empezar a tomar contacto con el destino. Se le cita con esperanza y se le otorga mucha responsabilidad. Euskal Herria ha cambiado. Mucho o poco, depende desde donde se mire, pero ha cambiado. Necesitará tiempo para descifrar la situación, inteligencia política le sobra. El mapa electoral vasco es fruto de esos cambios. De aciertos y fallos propios y ajenos. Lo que sucederá mañana en Madrid es un síntoma del desconcierto general. Será porque estamos en año bisiesto.

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