Mikel INSAUSTI
Crítico de cine

La edición emitida en blanco y negro

No, no es que la Ceremonia de los Óscar haya recuperado el blanco y negro de las primitivas retransmisiones televisivas, sino que se optó por ese juego de contrastes tan básico como respuesta humorística al anunciado boicot por parte de la comunidad afroamericana de Hollywood. En la Academia de Cine decidieron tomárselo a risa, y la muy estudiada ridiculización se cobró sus víctimas. La mayoría de los misiles lanzados por el presentador Chris Rock iban dirigidos al matrimonio formado por Will Smith y Jadda Pinkett, y todos ellos dieron en la diana, puesto que la pareja pertenece a un sector privilegiado de la industria cinematográfica, seguramente el menos indicado para liderar una protesta por discriminación. Está claro que Will Smith no es tomado en serio por sus propios hermanos de raza y a la vez colegas de profesión, así que mucho me temo que tendrá que irse olvidando de sus intentos por conseguir una estatuilla dramática y regresar a sus comienzos en la comedia. Y es que Chris Rock se movió a sus anchas por el escenario del Dolby Theater con sus incendiarios monólogos, hasta caldear el ambiente por encima de la alta temperatura exterior de Los Ángeles. A la entrada, como de costumbre, la luz diurna restaba glamour al desfile de los invitados e invitadas por la alfombra roja, que además no aciertan con sus modelos, del mismo modo que el espectáculo tampoco se sustenta ya en la interpretación de las canciones finalistas y sus coreografías musicales, cada vez más deslucidas. Ahora todo es más verbal, como más rapero, aunque con un ritmo en el guion de una fluidez indiscutible. Las tres horas y media de duración se me pasaron volando, sin que la diferencia horaria llegara a pesar demasiado. A la agilidad de las presentaciones les siguieron unos discursos de agradecimiento cortados por los golpes orquestales a nada que se empezaban a alargar más de la cuenta, con lo que los momentos para la posteridad se quedan en la foto de rigor, como debe ser. La más repetida fue la del australiano George Miller, sin duda el gran triunfador de la noche con las seis merecidísimas estatuillas que se llevó “Mad Max: Fury Road”. Le siguió Tom McCarthy, que logró para “Spotlight” las de Mejor Película y Mejor Guion Original. En cambio, “The Revenant” perdió algo de posición con respecto a los Globos de Oro, conformándose con tres estatuillas para Emmanuel Lubezki, Alejandro González Iñárritu y Leonardo DiCaprio. Ya sé que a la del tercero se le quiso dar una especial trascendencia histórica, pero sería un error concederle mayor relieve que a la de Mejor Actriz ganada con toda justicia por la Brie Larson de “Room”.