Soy feminista
Al actuar en diferentes contextos sociales, las descripciones con que definimos nuestra identidad social ocupan un lugar más o menos central. No soy solo una mujer; soy mujer, blanca, asalariada, con una orientación sexual determinada, socialista, etc. A la hora de presentarme, mi «feminidad» será relevante, estará latente o será apenas significativa, según las circunstancias.
Soy feminista y me interrogo sobre la construcción –y la existencia misma– de la categoría «mujeres» como sujeto compacto, coherente y estable, y me resulta controvertida la cuestión de la representación y la paridad en política.
Soy feminista y estoy en contra el proyecto de reforma de la ley del trabajo francesa. Sin embargo, mi oposición frontal no me impide denunciar el paternalismo y el machismo que subyacen en los términos empleados para desacreditar a Myriam El Khomri, Ministra de Trabajo, Empleo, Formación profesional y Diálogo social. La lluvia de adjetivos machistas arreció también desde las filas socialistas: «nula», «incompetente», «fragilizada» e «indispuesta» a causa de un «ligero malestar» provocado por un «accidente doméstico». ¿Cuántos políticos han sido denostados por su aspecto físico? ¿Cuántos han sido desprestigiados mediante expresiones como «mal follados» o «putos»?

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