Terquedad esperanzada
No es la primera vez que el que firma este comentario se tira literalmente a la piscina y trata de insuflar una dosis de optimismo en un drama como el que asola a Siria. Tampoco es la primera vez en que el Gobierno sirio y la oposición en el exilio se sientan en la mesa de negociaciones de Ginebra.
Pero permítanme caer otra vez en el error. Y no por una suerte de optimismo antropológico estúpido. Los que seguimos desde su inicio las revueltas árabes, incluida la siria, hemos perdido hace tiempo la inocencia. Hemos asistido a espectáculos que pondrían los pelos de punta al replicante Roy Batty en la película ‘‘Blade Runner’’ y su popularizado monólogo &indentHere;«más allá de Orion».
Desde masacres de manifestantes «terroristas» desarmados en Homs y Deraa hasta golpes de Estado bendecidos por la izquierda en El Cairo, pasando por llamamientos e impulsos a la rebelión por parte de satrapías inmovilistas como las monarquías petroleras del Golfo Pérsico e incluso linchamientos públicos de dirigentes políticos auspiciados y bendecidos por Occidente, como el de Muamar Gadafi... Hemos cruzado muchas veces «la puerta de Tannhäuser».
Quizás por ello nos queda solo la esperanza. Pero esta última ha atisbado motivos en la semana que termina. El repliegue militar ruso, con todos los matices, es una buena noticia, y evidencia el pragmatismo inteligente de la política exterior del Kremlin. Como buena nueva es que, al calor del alto el fuego en vigor desde finales de febrero, han regresado a pueblos y ciudades sirias las manifestaciones que exigen pacíficamente el cambio de régimen.
El tercer motivo para la esperanza es el anuncio por parte de los kurdos de su propio ente federal. Nada se podrá hacer ya sin ellos.
Incluso en caso de acuerdo, Siria ya no será la misma, y seguro que no satisfará ni a unos ni a otros. Bienvenidos al pesimismo realista.

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