Antonio ÁLVAREZ-SOLÍS
Periodista

Las raíces

Hay dos aspectos canallescos en lo que se denomina como lucha antiterrorista: la increíble negligencia de los poderes públicos en la prevención de estos sucesos y la resistencia a analizar sus raíces. Si se hiciese una reflexión profunda sobre las raíces de la actual situación debería abrirse una causa general contra los grandes dirigentes que destruyeron la estructura política anterior en países tan importantes como Irak o Libia. Recuerdo la mala fe con que se declaró la guerra a los iraquíes utilizando dos pretextos absolutamente falaces: que había que destruir el poder atómico de Sadam e instalar la democracia en un pueblo sojuzgado. Ni había tal poder atómico ni capacidad o simple deseo de fomentar el más simple progreso democrático. Seamos claros: hubo un reparto de petróleo entre Estados Unidos, Italia y Francia y una entrega de vergonzosos contratos a constructoras en apuros. Toda esta realidad reclama esa gran causa general en los Tribunales internacionales ya que estamos ante un crimen indudable frente al que el simplicísimo ministro del Interior español que ha liquidado la espantosa situación con una frase del Genocida al ver el vuelo de Carrero Blanco: «No hay mal que por bien no venga.» Lo malo de los torpes es que tienen un subconsciente igualmente inservible. Ríos de sangre del último fascismo. En nombre de Dios, vayamos a la raíces de este árbol siniestro.