Raimundo Fitero
DE REOJO

Los flacos

Algunos estudios interesados aseguran que las personas delgadas acostumbran a vivir más años que aquellos que debemos tener a mano varios cinturones para irnos amoldando al perímetro de nuestro estómago. Por eso cuando uno ve a las flacos de The Rolling Stones saltando y brincando en el escenario cubano, rebobina la película de su propio viaje ideológico, de toda su formación sentimental, de su adhesión estética a unos u otros y llega a una conclusión muy sencilla: no es casualidad que actúen en La Habana tras el paso de Barack Obama. Para mí es el mismo paquete propagandístico.

La imagen de esos flacos septuagenarios impregnando una fuerza diabólica a sus gestualidades, a sus músicas, haciendo bailar a los bailones cubanos ese rock and roll que fue estigmatizado como representación del imperialismo, es más eficaz que unos discursos, es un valor añadido para incitar a emprender ese camino hacia el mercado como dios redentor. Para no ser demasiado cínicos, para acercarse algo al mundo de comercio y libertad bajo marca multinacional en el que nosotros vivimos tan rechonchos, haciendo dieta para estar flacos. Los flacos también mueren, y estos días “El Flaco” Johan Cruyff, el holandés que refundó el barcelonismo y lo llevó de la depresión tácita a la euforia ganadora, ha muerto goleado por un maldito cáncer de pulmón. Jugador singular, uno de los fundadores del fútbol moderno, fumaba en los descansos de los partidos. Una vez la reina de Holanda le preguntó por qué los holandeses le conocían y querían más a él que a ella y le contestó: «porque yo pago impuestos». Indómito ser que empezó desde muy abajo, trabajando en el estadio donde entrenaba para alcanzar la gloria futbolística. A veces la unanimidad es fruto de la justicia poética y el análisis sin adhesivos grasientos.