Irati Jimenez
Escritora
JO PUNTUA

Bulos

No pasa un día en el que no se publique un nuevo estudio que trate de seguir iluminando las claves de la victoria de Donald Trump. ¿Cómo se puede llegar a la Casa Blanca insultando a los veteranos de guerra y alabando a enemigos tradicionales tan satanizados como Sadam Hussein o Kim Jong-un? Parece que parte de una respuesta mucho más compleja hay que buscarla en Facebook.

«Matan a un agente del FBI involucrado en los emails de Clinton aparentando un suicidio». «El Papa apoya oficialmente a Donald Trump». «Escándalo sexual: la lista de novias de Hillary Clinton». La campaña de Trump ha gastado 56 millones de dólares en alimentar esa clase de bulos. Algunos creados por –no es broma– dos jóvenes de la República de Macedonia que buscaban conseguir clicks, atraer publicidad y ganar dinero. Gracias a las increíbles herramientas de segmentación de Facebook, la campaña republicana ha podido enseñarles esos contenidos a aquellas personas que ya estaban predispuestas a creérselo. ¿Lo mejor? Que esas personas son prácticamente inmunes a cualquier desmentido que ponga en duda o niegue lo que se está compartiendo masivamente en Facebook. Les apoya en su tozuda batalla contra los hechos el partido republicano, que no tiene problema en dar pábulo a quienes «sienten», por ejemplo, que Obama es musulmán y, cómo no, un candidato que les advierte constantemente contra «los medios» y crea para ellos una capa de teflón conspiranoico a prueba de realidad.

¿Y por qué nos importa eso aquí y ahora? Porque aquí y ahora hemos bajado tanto el nivel del debate público que confundimos sentimientos con hechos, aceptamos opiniones sin argumentos y despreciamos todo análisis que no nos convenga. Enlazamos mucho, compartimos a granel, vivimos del megustismo narcisista, pero somos enormemente vulnerables y no está claro cómo arreglarlo. Cómo elevar el nivel de la conversación para que nos elevemos todas y todos, como personas y como sociedad.