El tiempo, la iniciativa militar y la dependencia exterior
Hostigado desde que las tropas regulares sirias y sus aliados comenzaran hace un año una ofensiva apoyada por el fuego aéreo ruso, y sitiado desde julio, todos los intentos y contraofensivas del Alepo rebelde de revertir la situación militar no le han servido más que para prolongar su lenta y dolorosa agonía.
La presencia de la sección siria de Al Qaeda y de grupos salafistas cada vez más prominentes entre los rebeldes armados espantó ya hace tiempo a Occidente, noqueado por la secuencia de atentados del ISIS en Europa y por el auge de la islamofobia como reacción a la ola de refugiados.
Con Arabia Saudí entrampada en su temeraria aventura militar en Yemen, todo apunta a que Erdogan habría decidido sacrificar Alepo en aras a su entente más o menos cordial con Rusia y concentrar su presencia en el norte sirio limítrofe con su frontera, donde se la juega contra sus verdaderos enemigos, internos y externos: los kurdos.
Damasco, que a mediados de 2015 estuvo cerca de perder la guerra, dosifica ahora, con el reloj que marca el Kremlin, los tiempos. Y ha decidido pisar el acelerador mientras los EEUU de Obama están inmersos en un proceso de transición-estupefacción tras el triunfo de Donald Trump.
Los vientos soplan a favor de Al Assad, incluso desde una Francia que tendrá que elegir entre la extrema islamofobia de Le Pen y la islamofobia extrema de Fillon.
El tiempo, que corre ahora a su favor, dirá si el presidente sirio se conforma con completar su victoria militar sobre la Siria fértil y lanza una iniciativa «negociadora» desde su posición de fuerza o decide ir a por todas, para acabar con los últimos reductos rebeldes del centro y sur o incluso para lanzar una ofensiva contra Raqa, bastión del ISIS.
El tiempo y sus propias fuerzas, ya que Al Assad es consciente de que depende cada vez más de sus aliados. Es su fuerza y su debilidad. Como en su día lo fue de los rebeldes. Alepo oriental es la prueba de ello.

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