Una cálida e inteligente odisea iniciática

Pocas cosas resultan tan hermosas y cargadas de emotividad como el adiós a la infancia. El cine cuenta con un buen puñado de ejemplos que han dignificado este punto de inflexión vital e íntimo sin caer en la peor de las trampas que conlleva una odisea de estas características, la sensiblería.
“Aves de paso” es toda una declaración de intenciones desde sus primeras secuencias, desde el mismo instante en que una niña abre los regalos de cumpleaños que le han dado sus padres separados, su madre optará por un móvil de última generación y su padre por delegar en la pequeña la responsabilidad que supone tener entre las manos un huevo de pato fertilizado y una incubadora. Llegados a este punto, conviene añadir que una de las dos niñas protagonistas que gobiernan este filme padece una enfermedad que la obliga a permanecer en una silla de ruedas. Es decir, que a simple vista lo que asoma podría inspirar ese tipo de productos abonados a la lágrima fácil.
Por fortuna, en manos del belga Olivier Ringer estos recursos se transforman en la guía para una aventura iniciática en la que destaca el poder liberador y la plena emancipación compartida por las pequeñas protagonistas.
El cineasta belga, en esta su tercera experiencia en el formato largo, vuelve a demostrar una gran pericia a la hora de elaborar crónicas en las que impera la relación entre los personajes y el entorno natural en el que se desarrolla la trama y logra secuencias que, como en el caso del rescate del patito en la bañera, hacen que una simple anécdota doméstica adquiera tintes épicos.

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