Simonetta
En la Plaza Emilie Gamelin de Montreal –en el centro de la ciudad, al lado de la Universidad de UQAM y a las puertas del barrio gay– el arte, las actuaciones de grupos de jazz, circo o claquet se alternan con actos de denuncia y solidaridad con causas y pueblos víctimas directas del capitalismo.
Durante mi último viaje a Montreal –en 2011– participé en una concentración organizada por emigrantes de la República Democrática del Congo para denunciar la grave situación política, social y humana de su país ante la codicia de las multinacionales en la extracción del coltán. A mi lado, Simonetta, estudiante de medicina e hija de emigrantes congoleños, me informó con detalle de porqué estaba allí. Me impresionó y admiró su determinación al decir que su único objetivo para acabar la carrera, era volver a su país para ayudar y trabajar por su gente. Montreal es muy grande y no volvimos a vernos.
La he recordado al leer publicada en este diario la entrevista de la periodista Rosa Moro sobre la situación de África. Y es que Simonetta pertenece a esos «lumumbas y sankaras» anónimos que, como Jean Marie Kalonji, desean «transformar radicalmente la sociedad». Allá donde estés, sólo quiero decirte: «Buena suerte, Simonetta».

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