Normalidad, esa es la cuestión
El señor Calparsoro, fiscal superior del País Vasco, afirma que la Ertzaintza nunca ha torturado y que solo ha tenido «casos de lesiones y desproporciones», un proceder muy «normal», según el criterio del fiscal. Por lo que parece los 311 casos de tortura atribuidos a la Policía autonómica por el Instituto Vasco de Criminología (400 según un informe de Euskal Memoria) no existen y todo lo demás, las «lesiones y desproporciones», que sí reconoce, las personas detenidas las deberían de asumir como malos ratos sin apenas importancia. La ligereza con que Calparsoro niega las torturas y cita los casos de «lesiones y desproporciones» me ha recordado a un célebre actor cuando afirmó, con un cinismo muy frívolo, que a «las mujeres no hay que maltratarlas, hay que abofetearlas». Si profundizamos, veremos que las palabras del fiscal conllevan la misma negación culpable de Garzón y de todos los jueces, fiscales y forenses de la AN que durante años ignoraron las torturas de miles de personas detenidas en EH, aceptando, además, autoinculpaciones, realizadas bajo golpes y vejaciones y, por lo tanto, impugnables sea cual sea el tiempo transcurrido. «Siempre vieron al pueblo crispado en el cuarto de tortura», escribió Roque Dalton para explicar la «normalidad» con que el sistema asume la práctica de la tortura. Esa es la cuestión y también el problema.

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