Que no te engañen
A la prohibición de que Hazte Oir circulara con su apología y exaltación de la transfobia sobre ruedas, se han sucedido los alegatos sobre la libertad de expresión, incluidos aquellos que venían de personas que se decían contrarias al mensaje de los fundamentalistas católicos del famoso autobús. Normal. Es que es normal que, con la libertad de expresión (con la que nos queda, quiero decir), nos hagamos un lío. A estas alturas, contamos ya con un largo listado de personas procesadas, y otras muchas ya condenadas, por un viejo y requeteviejo chiste sobre Carrero, un brindis solidario, un artículo en prensa, un tuit, o la letra de una canción, por no hablar de todo aquello que tiene que ver con la tortura. Pero, para compensar, se admite, sin efectos secundarios ni mayores consecuencias, la libre expresión de los deseos más profundos, así sean tiros (de cuatro en cuatro), muerte lenta, o la acción masiva de una bomba, a los vascos que se dicen vascos. Cuando se trata de vascas, también se admiten, sin que deriven en delito, ni ofensa, alardes de varonía, como «machorra» y «a ti te iba a enseñar yo lo que es un hombre».
La represión sexual no es libertad de expresión. Y si eres un facha de mierda, seguirás siéndolo, por mucho que te permitan expresarlo de forma oral, sexual o por escrito. Que no te engañen.

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«Xeberri eta biok hiru kantaldi egun berean egitera iritsi ginen»

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