Crímenes sin aclarar
He leído una fugaz estadística española sobre la muerte por infarto en las mujeres. Únicamente citaré un dato: las enfermedades cardiovasculares matan cada año diez mil mujeres más que hombres. Parece ser que la fatiga producida por el trabajo casero y las preocupaciones domésticas son las causantes de esta diferencia de sexo en la mortalidad. Primera advertencia: yo no soy feminista porque no admito esta pomposa declaración que implica subrepticiamente una admisión de jerarquía. Nunca he creído que el espíritu tenga órganos sexuales. Como tampoco creo que la diferencia en los órganos sexuales caracterice una diferencia más allá de lo funcional. Es elemental comprobarlo: pero un sexo resulta, al menos por ahora, inválido fundamentalmente sin el sexo alternativo.
Morir es un albur, pero también puede resultar un crimen si se produce por agotamiento motivado por la vida servil que no conoce ni horas ni dignidades. Un crimen que se esfuma sin practicarse la necesaria autopsia legal. Un asesinato por explotación y de esto saben tanto las mujeres que prefieren olvidarlo. La mayoría de los seres humanos morimos oscuramente tras marcar nuestro expediente con una parca inscripción: «Caso cerrado por no aparecer autores». Y resulta que están todos en la Bolsa.

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