A un año de su cierre, migrantes deambulan por Calais
Cinco meses después del desmantelamiento del campamento de Calais, jóvenes migrantes siguen deambulando por esta ciudad esperando una oportunidad para cruzar a Gran Bretaña. Memel, eritreo de 16 años, pasó unas semanas en un centro de acogida para menores en Marsella, donde esperaba poder beneficiarse de la política de reunificación familiar y encontrarse con su hermano en Reino Unido. «Éramos unos 50, los británicos vinieron y se llevaron a unos diez. A mí no, no entendí por qué. Así que regresé» a Calais, explica mientras se protege del frío en las oficinas de la asociación Socorro Católico. Duerme a la intemperie, sin carpa. «El momento más difícil es cuando son las tres de la mañana», cuenta Amel, otro eritreo. Pero también están los controles. «Una noche dormíamos en un aparcamiento cuando llegó la Policía y nos comenzó a pegar», explica Istri, de 15 años. Entre 250 y 400 migrantes, entre ellos un centenar de menores, siguen en Calais. Unos 50 acuden a diario a la distribución de comida y devoran el plato de arroz antes de desaparecer camino al puerto con el objetivo de subirse a un camión que se dirija a Reino Unido.

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