La implacable maquinaria de Hollywood: Sanders contra Oshii

C on la fiebre de los superhéroes alcanzando cotas históricas en Hollywood, era cuestión de tiempo que la factoría de sueños fijara sus garras en otro tipo de cómics. En efecto, hay vida más allá de la Marvel y la DC. En latitudes más lejanas nos encontramos con otro universo, tan prolífico como el mencionado, pero no tan explorado. El manga/anime japonés se presenta pues como un territorio virgen (que no virginal) cuya riqueza natural debe ser explotada comercialmente casi por una cuestión moral.
A primera vista puede sonar algo complicado, pero nada más alejado de la realidad o de, al menos, aquello que nos muestra el proyector. De lo que se trata aquí es de aplicar la misma fórmula del éxito (la de los Batmans, Capitanes América y demases) con una serie de personajes, tramas y temas que, a ojos de los peces gordos de la meca del cine, no se alejan demasiado de los estándares occidentales en la cultura del espectáculo audiovisual. Y si sigue sin entenderse, no hay más que recurrir al punto de unión más evidente entre todas estas producciones. Esto es, el dinero, es decir, el argumento principal con el que sigue contando una globalización homogeneizadora que, como no podía ser de otra manera, tiene su eco en el cine.
En otras palabras, si el “Ghost in the Shell” de Rupert Sanders funciona, se concretarán otros proyectos tales como “Akira” o “Alita, Battle Angel”. Entonces quedará claro que ninguna novela gráfica, por extraña o exótica que sea su procedencia, estará a salvo de esa tan moderna obsesión por pasar de la imagen dibujada a la real/digital. En el caso que ahora nos ocupa, el experimento se salda en el enésimo derroche de fuerza visual por parte del cine comercial americano, cuyo –efímero– impacto en la retina no oculta lo maltrecho que sale el film de cualquier comparativa con el original de Mamoru Oshii.

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