Chico sueña con chica; chica conecta con chico

R econforta pensar que en tiempos tan aberrantemente globalizados, siguen quedando reductos que aguantan (incluso contestan) al empuje homogeneizador de las grandes corrientes de pensamiento y tendencias. Uno de estos bastiones lo encontramos en Japón, cuyo mercado cinematográfico atestigua, año tras año, la confianza casi ciega de su público en un producto tan quintaesencialmente nipón como es el anime.
La película que ahora nos ocupa es, al fin y al cabo, y con los números en la mano, lo mejor que la animación japonesa ofreció el año pasado. En la taquilla nacional batió récords y se convirtió en un fenómeno pop imparable que fue mucho más allá de la pantalla de cine. El mérito es del idolatrado director y guionista Makoto Shinkai, quien a través de su característico y exquisito gusto estético, traza una historia de amor juvenil con la atipicidad de una base cercana a la ciencia-ficción: La conexión entre el chico y la chica se debe al intercambio de sus cuerpos cada vez que se van a dormir. Añadan a la mezcla el impacto devastador de un meteorito y estarán cerca de comprender esa formidable locura que solo pueden ofrecer este tipo de “dibujos animados”.

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