El cine perdido: Una película de obsesiones letales en el Amazonas

En las arenas movedizas de la Historia, nos topamos con un nombre y un concepto condenados a ir siempre de la mano. El primero, Percy Fawcett; el segundo, Z. El primero, uno de los exploradores más famosos, laureados y venerados de la Inglaterra victoriana. Lo segundo, una ciudad perdida en el corazón de la jungla amazónica. Para algunos, un mito fácilmente confundible con “El Dorado”; para otros, la última pieza requerida para completar el rompecabezas de la evolución cultural del ser humano.
En cualquier caso, acabamos dándonos siempre de frente contra un misterio tan insondable, que no es de extrañar que se haya convertido en territorio salvaje. En unos dominios solo visitados por los más insensatos... es decir, por los más aventureros. Año 1925, el conocido como “Livingstone del Amazonas” desaparece sin dejar rastro, en plena búsqueda de las ruinas de una civilización perdida. Año 2009, el periodista David Grann publica “La ciudad perdida de Z: Una historia de obsesión letal en el Amazonas”, estupenda biografía de Fawcett, además de apasionante recopilación de todas las víctimas que se ha cobrado, a lo largo de la historia, la búsqueda de ese reino supuestamente enterrado en la jungla.
Año 2016 (uno más en el mundo no-tan-civilizado), James Gray presenta su nueva película, la cual podría pasar como adaptación a la gran pantalla del libro antes mencionado. En parte es así, pero “Z. La ciudad perdida” va mucho más allá, al lograr esta recuperar, en pleno siglo XXI, el cine clásico de aventuras, aquel en el que gigantes de la talla de David Lean o John Huston se hicieron aún más grandes. La experiencia no dista demasiado del más milagroso de los hallazgos arqueológicos. Ante nosotros, el esplendor imperecedero de aquellas –gloriosas– películas. Como si el tiempo no hubiera pasado para ellas. Para nadie.

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