Víctor ESQUIROL
CRÍTICA «Tanna»

Mito y documental fundidos en el interior del volcán

Es alentador saber que en los Óscar, después de la alfombra roja, los comentarios frívolos sobre vestidos y los masajes dedicados al ego de las estrellas, sigue quedando sitio para algún guiño a la cinefilia. Es decir, al gusto por descubrir esas joyas, pequeñas pero relucientes; ocultas en las secciones satélite de los festivales donde impera, en principio, la autoría.

Pues bien, los últimos Premios de la Academia recuperaron, dos años después de su presentación en Venecia, la película a la que dedicamos estas líneas, debut fuera del documental de la dupla australiana compuesta por Bentley Dean y Martin Butler. La categoría de “ficción”, eso sí, parece demasiado simple a la hora de catalogar ‘Tanna’.

Precisamente, el principal encanto del film lo encontramos en el terreno intermedio entre la realidad y la invención. Ahí damos con un estudio antropológico al que pocos peros se le pueden poner. La historia que nos cuentan los directores, sobre amores imposibles entre clanes isleños del Pacífico, es supuestamente cierta, y así lo refleja una filmación muy cercana al documental, sobre todo en lo referente al retrato del día a día en estas exóticas comunidades. Las presentaciones tanto del escenario como de la gente que lo ocupa, se llevan a cabo con una naturalidad tal, que cuesta creer que delante de las cámaras haya actores profesionales. Por el contrario, cuando la historia empieza a desarrollarse, esta va tomando un cariz que nos acerca al relato mitológico. De repente, las fuerzas de la naturaleza se conjuran para que comprendamos mejor las emocionales. Las humanas, vaya. Ambas esferas conviven en espacio y tiempo, haciendo gala de una armonía que solo podía surgir de esa pureza primigenia salvaguardada por unos pocos reductos de la humanidad.