El monstruo patasarriba
La feminista Gloria Steinem contaba el otro día como, ya a finales de los sesenta, entre las escritoras que querían publicar, se advertían sobre aquellos editores que iban a proponerles reunirse en una habitación de hotel. La denuncia pública no parecía entonces ni una remota opción, el patriarcado vivía sus horas más altas. Desde entonces a hoy media un abismo: un abismo de incansable lucha feminista. Las mujeres de Hollywood, denunciando en los últimos años y sin tregua la discriminación que sufren, envalentonándose entre ellas, han allanado el camino para derribar a la bestia.
Desde siempre siento ardorosa debilidad por Rose McGowan, la cuarta embrujada. Harvey Weinstein la violó en 1997, cuando ella tenía veintitrés años, y ahora va a por todas. A por todos. Señalando a los que callaron cuando ella les contó lo ocurrido y hoy se rasgan las vestiduras. Tuvo un novio director de cine que firmó un jugoso contrato con Weinstein, sabiendo con quien lo firmaba. Mientras, la carrera de ella como directora y como actriz, quedaba interrumpida por el cacique. Lleva veinte años cargada de justiciera rabia y de razón. Hoy, por fin, Rose va a ganar. Por todas.
Muchos hombres prominentes de la industria del cine gringa han hablado, casi todos tienen algo que agradecerle en su carrera a Harvey Weinstein. Suerte para ellos que al repugnante fundador de Miramax, promotor del festival de Sundance y genio del marketing hacia los Óscar, no le atrajesen los jovencitos guapos con ganas de una oportunidad en la gran pantalla. Celebro que esta vez se pronuncien a favor de las mujeres, sea sincero o no. Ya no defienden su sistema porque estamos haciendo caer su infame y misógino sistema. El director Oliver Stone rectificó sus apresuradas y tibias primeras declaraciones horas más tarde, supongo que alguna mujer cercana le metió una colleja. O todas a la vez. Mientras tanto, la actriz Patricia Arquette le señala por haberla acosado y Björk estalla contra Lars Von Trier. Esto no ha hecho más que empezar.

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