Perversidad
Otro más. Otro fin de semana en las carreteras cuando la nieve, el hielo y las retenciones hacen crecer las horas, el cansancio y los nervios; la inquietud de los más pequeños y los dolores de los mayores. Otro más, de cientos de kilómetros impuestos. Otro más, de cientos de personas, de todas las edades, obligados a recorrerlos, forzados al riesgo porque aún no hay voluntad suficiente de evitarlo.
En un Estado en el que la Justicia no sólo no es ciega, sino que sonríe, hace guiños cómplices y regala impunidades mirando siempre hacia un único lado, utilizar a las personas que cumplen íntegramente su condena sometidos a los regímenes más duros, es, además de cruel, miserable. Pero utilizar, además, a sus familiares, pasa de la crueldad a la perversidad. Es el retrato, no sólo de los dos gobiernos, aferrados a la posibilidad de rebañar réditos políticos contentando a las facciones que reclaman la venganza como un derecho; es también el retrato de los grandes artífices de la dispersión. Del PSOE, por supuesto, que la puso en marcha, y sobre todo, del PNV, que hoy se maneja con exquisita cautela a la hora de enfrentar la política de dispersión que tanto ayudó a activar. Al PNV, le preocupa herir sensibilidades. Los familiares heridos, parece que no tanto. Los familiares muertos, ya sabemos que nada.

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