Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Molly’s Game»

Una vibrante partida en la trastienda americana

Productor, actor pero sobre todo un dramaturgo excepcional y uno de los mejores guionistas de Hollywood, Aaron Sorkin ha debutado detrás de la cámara con un proyecto brillante en el que la palabra y la imagen gozan de un equilibrado peso dentro de una narrativa enraizada en el cine negro.

Los diálogos atruenan como el restallar de un látigo y la fuerza visual del conjunto permite la composición de una galería de personajes ahogados en litros de whisky y abocados al capricho de la diosa Fortuna. El filme arranca con fuerza y sin levantar el pie del acelerador, Sorkin nos adentra de una historia que combina el empaque intelectual de la narrativa clásica y las secuencias vibrantes y de reminiscencias videocliperas que otorgan adrenalina visual al conjunto.

Sorkin no se la ha jugado en su primera apuesta en el formato largo y se planta ante el espectador con una baraja llena de cartas marcadas pero muy efectivas. Poco o nada original encontramos en las peripecias de una otrora prestigiosa esquiadora que con tan solo 21 años levantó un imperio del juego y que tuvo que recular su ascensión meteórica en la trastienda americana acosada por el FBI y la mafia rusa. Colocada en este peligroso equilibrio, Molly Bloom –perfecto nombre para una mujer pirata– se nos descubre como una jugadora muy inteligente, lo cual repercute muy positivamente en lo que se nos narra en la pantalla. La elección de Jessica Chastain para el rol protagonista es todo un acierto, al igual que la siempre poderosa presencia de Idris Elba en el papel de su abogado-confidente. La estructura del filme está salpicada de flashbacks y referencias a “El crisol” de Arthur Miller y todo transita a la perfección dentro de una ruta zigzagueante y acaparada por el sutil encanto de un personaje muy rico en matices y que hará las delicias de quien quiera disfrutar de un encadenado de diálogos impecables.