Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «15:17 Tren a París»

Un tren a ninguna parte

En su última etapa Clint Eastwood parece empecinado en poner de manifiesto su concepción heroica del ciudadano estadounidense. Poco antes de descarrilar por completo con esta soflama patriotera digna del peor cine propagandístico, el hombre de Malpaso alternó desde dos ópticas bien diferentes este ideal que tanto parece preocuparle, la decepcionante “El francotirador” (2014) y la muy estimable “Sully” (2016). Ahora, en este tren que no nos lleva a ninguna parte, Eastwood parece haber querido sumar las dos vertientes de ambos filmes, la concepción castrense que inspiró a “El francotirador” y la vertiente del ciudadano llamado a ser héroe ocasional que aterrizó de buenas maneras en “Sully”.

Dichas perspectivas se suman en los roles protagonistas de “15:17 Tren a París”, ya que la propia presencia estelar de los ciudadanos estadounidenses que protagonizaron el episodio real en el que se basa el argumento, forman parte del propio estamento militar norteamericano. De esta forma, lo que quiere ser un muy verídico acercamiento a los sucesos reales, acaba por convertirse en una propuesta cargada de un patrioterismo rancio y abocado a buscar la simpatía del público estadounidense.

Desarrollada en cuatro partes, la película pierde fuelle en cada uno de sus episodios destinados a relatar el periplo vital de los tres personajes centrales y lo que predomina en todo el conjunto es la exaltación de una amistad que derivó en la suma de un esfuerzo para evitar las trágicas consecuencias de un ataque suicida.

Con estos antecedentes, el espectador encuentra como nexo común más relevante –sobre todo en su intencionalidad– con lo que Paul Greengrass relató con mucho mayor brío y tensión en su apabullante “United 93”. Lamentablemente, el resultado en esta ocasión es completamente diferente, ya que adolece por completo de pulso y química.