08/09/2018

Oihane LARRETXEA
Periodista
Esperando una respuesta, así murió una

Forma parte de nuestro trabajo estar colgadas al teléfono preguntando por esta o aquella información a los servicios de prensa. Pueden ser gabinetes de empresas privadas o de instituciones públicas. Se trata de aclarar datos, corroborar informaciones que han llegado a redacción o completar lo que ya tenemos. En ocasiones, llamamos a la misma persona unas cuantas veces, muchas veces. Decenas.

«Insistir», me dijo un compañero cuando llegué a la profesión, también forma parte de nuestro trabajo. A veces, hay que hacerlo hasta aburrir porque a los lectores se les debe la información precisa.

Aquel consejo de procurar no desistir lo recuerdo de tanto en cuanto, especialmente cuando al otro lado de la línea nadie descuelga el teléfono durante días, o cuando sí responden y prometen una información que, resulta, al final nunca llega; cosa que me disgusta bastante. Una siente que le han tomado por tonta con un «ya se aburrirá».

Tras este preámbulo, me pregunto en qué medida tienen la obligación, insisto, la obligación los gabinetes de nuestras instituciones públicas de atender las llamadas de los medios de comunicación. De todos, sin distinciones.

Hace mes y medio que llamé a cierto departamento de Lakua para confirmar ciertas publicaciones sobre cierto centro sanitario. La lista de correos y llamadas perdidas es larga. Ni acuse de recibo en algún caso. El colmo es que me hicieron enviar las preguntas. Y aquí sigo, esperando. Dicen que así murió una.

Señoras, señores del gabinete, qué forma de morir es esta. Sepan que volveré a llamar.