Adaptación, versión y respeto
Adaptar, versionar o aplicar una dramaturgia escénica por encima pueden ser intervenciones concurrentes en una puesta en escena, pero son funciones que es muy fácil determinar su diferencia. Pasan los años, décadas, algunos de los autores sagrados acaban siendo de libre acceso, por lo que cualquiera puede tomar una de sus obras y hacer con ella una relectura, una adaptación, una versión o simplemente aplicar sobre su estructura unas claves estéticas que la pongan al alcance de los públicos actuales.
Quizás mantener de manera inamovible una obra de Lorca, pueda considerarse como una actitud museística, pero romper su coherencia interna, aplicar nociones poco fundamentadas en la profundidad de formas y fondos, puede ser una manipulación que convierte una supuesta reivindicación, en un aprovechamiento de un nombre, lo que se llama en términos teatrales, una percha.
Toda obra es susceptible de ser adaptada, versionada, mejorada o incluso anulada. La historia de la literatura dramática está formada por versiones que aportaron a leyendas u obras de la antigüedad miradas nuevas, con mucho talento y capacidad poética que superaba lo anterior.
Duele comprobar que las carteleras están repletas de aproximaciones a grandes autores y obras que se hacen de manera frívola y oportunista. Siempre con la coartada de una supuesta modernización.

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