El primer Fuero hecho por mujeres
En 1911, Churchill discutió fuertemente contra el Almirantazgo, pues quería poner fin a los bancos de carbón por los nuevos de petróleo. Al final, estalló: «No me vengan más con la tradición naval; no es más que ron, sodomía y latigazos».
Cuando me documenté sobre la Compilación del Derecho Civil Foral de 1973, sentí una decepción similar. Esas leyes propias tenían un tufo nacionalcatólico y terriblemente machista (al igual que los propios compiladores, claro). No eran nada de lo que sentirse orgulloso. Existía algún destello de radical libertad a la hora de testar, pero el hecho de que los jueces acabaran arrinconando el texto en favor del Código español ha traído más justicia que la que había en ese libro en todos estos años.
Tres décadas después, Beaumont ha encontrado la vía para acometer una tarea tan compleja como hacer un Fuero moderno con las viejas leyes. De facto, supone que las normas propias se recuperan y, por primera vez, de forma democrática, ya que el Parlamento fijó el sentido de cada coma a cambiar. Ha sido una reforma liderada por mujeres y nunca antes las mujeres habían participado en el cuidado y actualización de la leyes propias. El resultado es una de las mayores victorias en la lucha de los derechos civiles en Nafarroa.
El Derecho Civil no asoma de ordinario, pero acaba saliendo. Surge cuando vienen mal dadas: en las rupturas, en las muertes, en los problemas. Y ahora, Nafarroa sale de la zaga y se mide con los países del Norte de Europa. La tradición puede cambiar y ser útil. La Marina británica abandonó el carbón.

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