La mujer cineasta
No hace falta mirar al calendario para hablar del concepto de mujer cineasta, porque siempre es un placer ponerle rostro a una figura necesitada de una definitiva materialización. Y si hay que pintarle una cara no se me ocurre ninguna otra mejor que la de nuestra querida Agnès Varda, por cuanto resume el ayer y el hoy de una profesión tradicionalmente dominada por hombres en la que desde el principio supo encontrar su sitio, y la mayoría estaremos de acuerdo en que ahí caben todavía muchas más, desde las que ganan en los Óscar como Kathryn Bigelow hasta las que ruedan sin presupuesto.
Me imagino que todas ellas se miran un poco en el espejo de la belga en su calidad de matriarca de la nouvelle vague, siendo ejemplar en su resistencia a la erosión del tiempo física y mental. Nunca ha dejado de rodar al frente de las viejas vanguardias, y ha sabido poner punto final a su obra con el documental “Varda by Agnès”, en el que refleja su última etapa de conferenciante.
Retirarse del cine a los 90 años con plena consciencia de su arte y de su palabra resulta envidiable, y ella, siempre tan humilde, se lo agradece al poco peso de las manejables cámaras digitales. Ser moderna desde la juventud a la vejez, desde su época con Jacques Demy y los Black Panthers a la de sus instalaciones actuales, está a la altura de muy pocas personas de uno u otro sexo.

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