18/09/2019

IBON MARTÍN
ESCRITOR

La etapa universitaria la pasó en la facultad de Periodismo, aunque ha sido la escritura de rutas de senderismo primero, y novela negra después, el oficio que le ha dado las satisfacciones. Su último trabajo está haciendo mucho ruido: «La danza de los tulipanes», editado por Plaza&Janés, cohabita con los más vendidos.

«Pese a tratarse de novelas para entretener, me gusta valerme de la escritura para opinar»
Oihane LARRETXEA|DONOSTIA
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Sin pretenderlo ni preveerlo, Ibon Martín (Donostia, 1976) vive una dulce locura de presentaciones, firmas y promociones con su última novela, “La danza de los tulipanes”. Hoy en Donostia con esta entrevista que nos concede, después llegarán Barcelona, Iruñea, Santiago… La publicación del trabajo de la mano de la potente Penguin Random House Editorial Plaza&Janés ha apuntalado su nombre en la novela negra. En el éxito de su carrera se trata de un punto y seguido que ya alcanzó con “Los crímenes del faro”, una serie de cuatro libros con la periodista Leire Altuna como protagonista.

De nuevo otra mujer, la agente de policía Ane Cestero, encabeza el elenco; y de nuevo el paisaje como elemento clave en la narración. Urdaibai y sus marismas, sus recovecos, a veces oscuros e inquietantes, otras veces amigables y bellos.

El lector recibe el primer golpe apenas ha leído la tercera pagina. Y así, resulta ya difícil soltar la novela. La luz de la mesilla se apaga tarde con el escritor donostiarra.

¿Qué pasa estos días por la cabeza de Ibon Martín?

¡Uff...! Ha sido un cambio grande, porque las anteriores novelas, la saga de “Los crímenes del faro” que comenzó con “El faro del silencio”, las publicaba yo mismo. Era una manera de hacer. De repente me he visto inmerso en trabajar con una de las editoriales más importantes del Estado y la verdad, es como un tsunami. Antes sacaba ediciones de entre ocho y nueve mil ejemplares, y ahora han salido 45.000. Da vértigo, por mucho que sueñes un poco con ello cuando comienzas en la escritura.

Hace dos años tocaron mi puerta. Primero no te lo crees; después caes en que eso va en serio. Ya se han firmado traducciones en cuatro idiomas. Saldrá en Italia, Alemania, Francia y Polonia el año que viene. Y tiene pinta de que no serán los únicos países.

Sin usted saberlo, llegó hasta la editorial.

Fue algo casual. La editora de Plaza&Janés, Virginia Fernández, es una enamorada de Euskadi y de Donostia en particular. Resulta que estaba de vacaciones por aquí cuando compró “El faro del silencio”, un libro cuyo autor no conocía… Se lo leyó y conoció de primera mano los paisajes de la novela, el faro de la Plata… me llamó entusiasmada, quería editarme un libro.

Me dieron libertad en plazos y temas, las presiones nunca llegaron. Fue todo muy fácil.

¿Cómo llegó a la escritura?

Siempre me ha gustado leer, y ya cuando estudiaba Periodismo fantaseaba con escribir un libro. En clase, cuando me aburría, escribía pequeños inicios de libros, nunca he sido de relatos porque no sé sintetizar, los textos se me convierten en novelas en seguida. Aquello quedó como una idea que retomé cuando vivía en Catalunya.

Echaba de menos nuestra tierras, los paisajes… tenía mucho vínculo con nuestra montaña y nuestros rincones. Empecé a escribir lo que fue “El valle sin nombre”. Empleé cinco años. Era una novela histórica que escribí para mí, aunque al final la autoedité. Con vender 200 ejemplares me daba por satisfecho, para cubrir gastos. Por suerte aquello no quedó ahí y poco a poco mis libros de excursiones quedaron más espaciados en el tiempo y en ese impasse fui escribiendo novela; hoy es mi trabajo.

Es evidente la influencia de su pasión por el senderismo en sus novelas. ¿Qué llegó antes a su vida?

Creo que ha sido todo a la vez. Terminé la carrera y no tenía nada que hacer, no tenía trabajo y llegué a pensar que nunca ejercería de periodista, no veía opciones. Llenaba mi tiempo con la montaña, algo que me apasionaba desde niño. Así se me ocurrió recoger las rutas en una guía y publicarlas. Acudí a una importante editorial de excursionismo pero la idea no les convenció, es así que me animé a publicarla yo mismo. Fue una aventura. Tenía 26 años, y creía en el proyecto. Me dediqué a ello durante diez años.

¿Cree que ha encontrado la fórmula para ligar ambas?

Sí, y de he hecho siempre busco primero el paisaje y luego la historia. Antes de nada me enamoro de Urdaibai, después pienso en lo que puedo encajar en ese escenario. Cualquiera que lea mis novelas las puede emplear como guias para descubrir los rincones. Un acierto de Plaza&Janés ha sido incluir el mapa donde transcurre la novela en la solapa.

Los personajes son ficticios; el escenario siempre real.

Sí, todo el escenario que envuelve la novela lo es, esas pinceladas de Urdaibai u otros lugares así son y así los recojo. Y puede que sea la parte con la que más disfruto mientras preparo la novela. Lo que hago es trasladarme, en este caso a Urdaibai, y pasar temporadas en el lugar donde discurren los hechos. Esto me permite contar exactamente cómo es allí el día y la noche.

¿Cómo se empapó de este escenario, y qué le transmitió?

Una vez que decidí que Urdaibai era el lugar, sentado muchas horas y muchos días en el mirador de San Pedro de Atxarre, fui haciendo un pequeño croquis de los escenarios de los que quería hablar. Lo mismo sentado en el tren de Euskotren con el que se inicia la novela, y que recorre la margen izquierda de la ría, idas y venidas, idas y venidas… y construyes el resto de la historia. Después me traslado a Donostia a escribir, pero cuando la novela está ya bastante avanzada, para revisar y recolocar los escenarios que he utilizado, me alquilo una casa en Urdaibai, que resulta ser la casa de Julia, una de las protagonistas.

«La danza de los tulipanes» empieza muy fuerte.

Sí, de hecho se puede contar que la historia comienza con el asesinato de la periodista estrella de Urdaibai, Natalia Etxano, en la página prácticamente primera aprovechando además el tren del que hablaba y que tiene tanto encanto, aunque acaba siendo parte de algo atroz.

Es verdad que es un reto mantener la tensión en una novela que arranca con tanto impacto, pero es algo que me divierte mucho. Me gusta diseñar un esquema de todos los capítulos, voy marcando en rojo las partes en que la novela es especialmente tensa y entonces trato de que estén bien repartidas, de que no haya demasiados reposos, mi intención es que el lector empiece a relajarse, y en ese momento…¡pum! Reciba otro sartenazo y vuelva a despertar.

Le gusta jugar con el lector y le tiende trampas…

¡Claro, porque también me gusta como lector que lo hagan conmigo! Y me gusta además hacerle creer que sabe quién es el asesino, que crea que ya me está pillando… hasta que un giro le destierra todas sus sospechas. Y darse de bruces con él prácticamente en la última página.

Tensa la cuerda hasta el límite. ¿Es eso la más complicado?

Puedes ocultar al asesino hasta el final, pero eso es lo fácil. Mi reto es que el asesino esté presente desde el inicio y que el lector no sospeche; mientras, las dudas se van sembrando hacia diferentes personajes y los posibles son varios, aunque realmente al asesino lo conoce desde el principio. Me gusta que tenga cierto protagonismo, porque es un poco tramposo que aparezca en las últimas veinte paginas. Creo que el lector tiene que conocerle, y además desde un punto bastante inicial.

En cierto punto de la novela sus seguidores ya son conscientes de que han sido «engañados».

Sí, sí, y creo que en cierta forma lo espera y lo desea. Y aunque vaya jugando a adivinarlo, se siente incluso decepcionado si lo ha conseguido desvelar antes de tiempo.

Confecciona los personajes con sencillez, son cercanos y corrientes, tienen sueños y amores rotos. ¿Eso ayuda a que la historia sea más verosímil?

Sí, y para mi es vital que los personajes sean uno más entre nosotros. Que pueda ser tu mejor amiga o el vecino, que no sean especialmente heroicos ni tengan características que no se dan en la realidad. En este caso son ertzainas que hacen su trabajo de una forma más o menos brillante y tienen sus vidas. Está por ejemplo el caso de Julia, que es muy empática y se lleva la carga de los casos encima y lo pasa realmente mal.

O Ane Cestero. Es la jefa del grupo y la que debería dar ejemplo, pero es la menos ortodoxa: por circunstancias personales del pasado flaquea y se pasa en sus funciones con los detenidos por determinados asuntos.

Quiero hacer ver que son personas y que son humanas. Mi sensación como lector es que te llegas a identificar mucho más con este tipo de personas que con las que resultan infalibles en su trabajo.

¿Le gusta que la protagonista sea una mujer?

Sí; de hecho es Ane Cestero quien lleva las riendas de la investigación y del equipo, y esto le supone problemas con Txema. A priori con más experiencia, viene de la Interpol… no entiende que sea una mujer joven quien le dé órdenes. Además, se siente cuestionada en todo momento por su ascenso, si es por una relación previa con un superior… aunque demuestre que es por méritos propios, lleva esa carga, y eso está presente en la realidad. Creo que es necesaria esa reivindicación, en este caso la literatura me sirve de altavoz.

Me gusta verlas en el papel protagonista. Además, intentar meterme en la mente de una mujer es un reto, disfruto mucho más creando personajes femeninos. Julia y Ane están mucho más desarrolladas que los personajes masculinos. Me ha salido de una forma natural; disfruto con este tándem y seguiré con ellas en las próximas novelas.

¿Se vale de sus personajes para opinar sobre realidades y tendencias que nos rodean?

Sin duda. Ahora que hablan tanto de exceso de feminismo yo creo precisamente que es más necesario que nunca. Están resurgiendo fenómenos de extrema derecha como Vox, y de otros partidos que sin serlo, están siguiendo sus políticas. Por suerte en Euskal Herria estamos bastante por delante respecto al Estado español. En todo lo que se pueda aportar… Tengo una hija y tengo claro que me gustaría que el mundo en el que ella viva sea totalmente diferente.

En todas mis novelas he aprovechado la ocasión para, de alguna manera, posicionarme. Hay una denuncia. El que escribe tiene sus ideas, sus inquietudes y pese a tratarse de una novela con la que entretener a la gente, me gusta valerlo como altavoz. Alguien que leyera “El faro del silencio” entiende inmediatamente que era contrario a la locura del puerto exterior de Pasaia, alguien que lee “La fábrica de las sombras” entiende que es una denuncia clara a lo abandonados que están los pequeños pueblos del norte de Nafarroa. Es una vergüenza cómo están dejados porque sus votos prácticamente no cuentan. Las denuncias de las cuestiones que me inquietan están ahí. En el caso de “La danza de los tulipanes” el feminismo es una de ellas.

Y rizando el rizo, llega un momento en que Ane Cestero se cruza con Leire Altuna, la protagonista de la saga anterior. ¿Qué pretende?

Cuando terminé de escribir esas cuatro novelas con Altuna al frente, sentí que ella había dado todo lo que podía dar. Mi sensación era que ya no podía mantener la tensión con ella. Y ahí es cuando decido apartarla; pero a su vez, recibo mensajes de lectores apenados de que no vuelva. Por eso, mi intención es que sigamos sabiendo de Leire Altuna. En este libro ha sido muy poco, en el siguiente será un poco más… sabremos cómo le va, incluso Cestero podrá recurrir a ella, pero Ane Cestero y su equipo son los que se llevarán el protagonismo, eso lo tengo claro y decidido.

¿Entiendo que hay Cestero para un rato más?

De momento Cestero, pese a que viene de un pasado, nace en esta novela. Sabíamos de ella como ertzaina, pero ahora conocemos su vida, y el lector le cogerá cariño. En la siguiente novela es la protagonista, desde luego.

Durante una etapa editó novela por año. ¿Está agotado de este ritmo? ¿Cómo se lo plantea ahora en adelante?

Lo he meditado mucho, y novela por año es imposible de mantener. Cuando tienes las ideas claras, como ocurría con la serie anterior está bien, pero las novelas no partían de cero. Iré a una cada dos años. Eso me permite disfrutar mucho más de la escritura, documentarme mejor y redondear la historia.

A la hora de escribir siempre busco primero el paisaje, como Pasaia, Urdaibai… Es después cuando pienso qué puedo encajar en ese escenario

Me gusta ver a las mujeres en el papel protagonista. Intentar meterme en su mente es un reto para mí, disfruto mucho creando personajes femeninos.